El hotel más antiguo de Canarias sigue siendo un siglo después el centro social y cultural de Gran Canaria

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El hotel Santa Catalina , a Royal Hideaway forma parte de la historia de la isla de Gran Canaria. Inaugurado en febrero de 1890 es el más antiguo del archipiélago (por 10 meses adelantó a otro referente con una historia paralela, el Gran Taoro ) y 136 años después sigue siendo referente tanto para los viajeros que llegan a Las Palmas de Gran Canaria, como para todos los habitantes de la ciudad. Ubicado en la zona residencial de Ciudad Jardín, dentro del parque Doramas , rodeado de vegetación tropical y a pocos metros del Atlántico, este establecimiento de lujo ofrece una interesante propuesta gastronómica que incluye dos restaurantes con estrella Michelin y un brunch a ritmo de jazz que tiene colas de espera. También cuenta con un relajante spa y un equipado gimnasio, abierto a huéspedes y socios. La fascinante historia del hotel discurre paralela a la de la isla. A finales del siglo XIX, los británicos vieron el potencial de Gran Canaria, como escala obligada para los barcos que, desde Europa, viajaban a las colonias del imperio británico. El impulso definitivo se consiguió con la construcción del puerto de La Luz, un enclave marítimo fundamental en el Atlántico y a día de hoy uno de los centros logísticos y comerciales más estratégicos de España y de Europa. Los viajeros que llegaban a la isla necesitaban un alojamiento de lujo y tres familias británicas asentadas allí, los Miller, Jones y Blandy impulsaron la construcción de Santa Catalina. El arquitecto escocés James M. MacLaren ideó el proyecto, un edificio de estilo colonial, con madera traída de Inglaterra, en forma de U abierto a la costa y a los jardines. Con la llegada de la primera guerra mundial, el establecimiento cerró sus puertas y en 1923 el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se hizo con la propiedad, y desde entonces forma parte del Patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad . El edificio original se demolió, por su mal estado, y en 1952 se abría el nuevo hotel Santa Catalina. El proyecto fue del arquitecto local Miguel Martín-Fernández de la Torre, quien quiso respetar el estilo colonial inglés del edificio original, pero añadiendo detalles del neocanarismo, con elementos típicos de la arquitectura tradicional de la isla, como los balcones de madera de pino tea y los patios interiores. De aquella época datan también los murales que adornan algunas paredes que representan la vida cotidiana de las islas y que fueron pintados por el artista canario Jesús Arencibia o las magníficas lámparas de cristal de Murano del salón Martín Fernández. En los años 80 el hotel se cerró, en los 90 se abrió un casino y finalmente en 2019 Barceló acometió un gran reforma para convertirlo en un hotel de lujo de cinco estrellas superior, manteniendo el edificio de los 50 y ampliando estancias. Se restauraron los históricos murales, y se abrió el hotel a los patios y al parque, a través de terrazas, en las que se pone en valor el patrimonio cultural y natural de Gran Canaria. En estos años, Santa Catalina ha recuperado el esplendor que vivió en sus orígenes, convirtiéndose en el hotel que aloja a un gran número de turistas anónimos, pero también conocidos. En sus más de 100 años de historia son muchos los rostros famosos que han pasado por allí: desde Winston Churchill a Agatha Christie, María Callas, Gregory Peck o Ava Gardner. Sus salones acogen numerosos eventos, un día es una pasarela de moda, otro día celebra un concierto de un conocido pianista, y otro congrega a políticos locales o nacionales que celebran allí sus congresos. Como anécdota, Manuel Martínez-Fresno , Guest Experience Manager, nos cuenta que en la gira nacional que realizaron los Reyes de España, tras el confinamiento por el covid, Don Felipe VI y Doña Letizia se reunieron en el hotel con las autoridades de la isla, y después almorzaron en el restaurante Poemas. Otra de las visitas ilustres que ha dejado huella fue la del presidente de china Xi Jinping en 2024, que tuvo que hacer escala en la isla y cerró el hotel para él y su séquito. El hotel tiene 204 habitaciones de diferentes categorías (desde 191 hasta 555 euros/día), con todo tipo de comodidades y tecnologías, pero con una decoración clásica y colonial. La mayoría, además, cuenta con terraza o balcón. En su propuesta gastronómica destaca Poemas by Hermanos Padrón , con una estrella Michelin, que ofrece cocina local y cosmopolita; MuXgo con el chef canario Borja Marrero, que además de una estrella Michelin, tiene la primera estrella verde Michelin de Canarias, y que propone una cocina basada en la tierra y respetuosa con el medio ambiente; 1890 La Bodeguita , una moderna tasca con horario ininterrumpido desde las 13 hasta las 23 h; Camarote Pool Bar, para comer cosas ligeras en la piscina; Bar Carabela , una biblioteca reconvertida en piano-bar, abierto todo el día; y Alis Rooftop , con servicio de coctelería en la azotea, con vistas al Atlántico y las 'torres' del hotel, el punto más fotografiado. Los domingos el hotel Santa Catalina celebra el Jazz Branch , entre las 12:30 y las 15 h, en un salón y terraza con vistas al parque Doramas. Una experiencia, muy solicitada, que incluye un menú que combina elaboraciones dulces y saladas en formato buffet, con la actuación en director de un grupo de jazz (55 €, con reserva previa). Otra de sus experiencias más exclusivas es el Afternoon Tea (35 €), con la que se rinde homenaje a los orígenes británicos del hotel, tomando el té y una selección de dulces, scones y sandwiches. Para los amantes del bienestar, el hotel cuenta con zona wellness que incluye circuito termal en piscina climatizada con techo abierto, diferentes saunas, fuentes de hielo, piscinas de contraste y una amplia carta de tratamientos faciales, corporales y relajantes bajo el sello de Natura Bissé.