Aunque las carreras de galgos están prohibidas por ley, en la ciudad bonaerense de Colón, la explotación para la caza y las competencias clandestinas continúa siendo una realidad dolorosa. En ese entorno, los galgos desnutridos o descartados por vejez o lesiones suelen formar parte del paisaje cotidiano. Corría abril de 2024, cuando una alerta vecinal movilizó a Silvia Sabetta y sus compañeras de la Asociación Civil Rescatando Hocicos -que conocen la problemática de los galgos de cerca: un porcentaje mayoritario de sus rescates corresponde a animales víctimas del maltrato- hacia una zanja del barrio. Un transeúnte, al ver a una galga jadear con dificultad en la cuneta, creyó que se trataba de un envenenamiento. Hacían tareas de mantenimiento y le pasaron la cortadora de césped por encima: “Lo rescatamos en shock”“Los galguitos flacos, maltratados, encerrados para ser explotados, hembras pariendo durante todas sus vidas, descartados cuando ya no sirven por vejez, fracturas o enfermedades son parte del paisaje de este pueblo, donde hace años se han prohibido las carreras de galgos pero la explotación para la caza y las carreras clandestinas no cesaron nunca”, detalla con dolor Silvia Sabetta.Al llegar, las voluntarias descubrieron la verdadera urgencia: “la perra no estaba envenenada, sino desnutrida, exhausta y en pleno trabajo de parto”, dice la rescatista. Una vecina de la zona le brindó cobijo temporal en su casa para que diera a luz a sus nueve cachorros antes de ser trasladados a las instalaciones del refugio.India, como la nombraron, había pertenecido a un galguero local que la utilizaba para la caza y la reproducción. Su antiguo tenedor llegó a reclamarla, pero desistió de cualquier intento de recuperarla una vez que la perra fue castrada por la organización.Ante la dificultad para encontrar familias adoptantes en la zona, la protectora de Colón suele articular su labor con agrupaciones de la Ciudad de Buenos Aires, como Adopta un Galgo en Argentina. Cumplidos los dos meses de vida y tras haber completado el período de lactancia en un espacio aislado del refugio, los nueve cachorros de India consiguieron hogares en Capital Federal.Flavia, voluntaria encargada de coordinar el traslado de los cachorros hacia sus nuevas familias, viajó a Colón y presenció el momento en que India se despedía de sus crías. “Me partió el alma ver su mirada, tan triste y desolada cuando la llevaban de vuelta con los demás perros”, recuerda sobre aquel día. Impactada por la escena, gestionó el tránsito temporal con la ONG y, dos semanas más tarde, regresó a Colón para llevarse a la madre a su casa.“Los primeros días en casa se mostraba muy sumisa y miedosa, aunque se dejó bañar sin problema. Se notaba que respetaba a los demás pero estaba tensa. Vino con algunas heridas de peleas en el refugio que sanaron rápido. Esos primeros 15 días no los contamos como adaptación, porque los perros ahí van aprendiendo los movimientos de la casa, dónde van dormir, comer, etc”, detalla Flavia.Aunque el compromiso original era albergarla mientras se buscaba una familia adoptiva, la integración fue inevitable, Flavia nunca llegó a enviar las fotos para la publicación de adopción y decidió sumarla formalmente a su hogar.La adaptación de un galgo rescatado de situaciones de maltrato severo -como la de cualquier perro- exige tiempo y respeto por sus procesos individuales. En el caso de India, la transformación de una actitud distante a la de una perra plenamente confiada tomó casi dos años, respetando sus espacios sin forzar las muestras de afecto.“El galgo es una raza muy dócil, dulce y sensible; son resilientes. Buscan amor, una cama mullida y paseos divertidos”, explica Flavia. Para la reintegración en entornos urbanos con alta carga de estímulos, el protocolo de trabajo tiene diferentes aristas. Inscripción gradual al entorno: Salidas cortas en horarios de baja circulación para habituar al animal a los ruidos de la ciudad.Seguridad en paseos: Uso permanente de correa y pretal para prevenir huidas por sobresaltos.Respeto de los tiempos afectivos: Permitir que el perro marque el ritmo de acercamiento sin forzar el contacto físico durante las primeras semanas de convivencia.Recientemente, tras casi dos años de acompañamiento y paciencia, India demostró su recuperación física y emocional y participó junto a su familia multiespecie en la 14° edición de DOGRUN , donde completó un circuito de 3 kilómetros rodeada de verde, estímulos de todo tipo, otros perros y espectadores. La jornada contó con un espacio dedicado a Adoptá un Galgo en Argentina, la organización que fue parte del rescate de India y que trabaja para brindar una segunda oportunidad a galgos que fueron víctimas de maltrato.Compartí una historiaSi tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com