El Frente Amplio se enfrenta a su primera crisis antes siquiera de presentarse en sociedad. El adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre ha obligado a las cuatro organizaciones que impulsan la nueva candidatura —Izquierda Unida, Más Madrid, comunes y Movimiento Sumar— a acelerar las negociaciones. Pero las prisas no son buenas compañeras y, a las discrepancias sobre los nombres y el procedimiento para elegirlos, se suma la presión de unas encuestas que dibujan un panorama especialmente adverso para la izquierda alternativa. Además, mientras los partidos intentan resolver sus diferencias, se abre la posibilidad de concurrir junto al PSOE en determinadas candidaturas al Senado.La convocatoria anunciada el lunes por Pedro Sánchez, después de que el Congreso rechazara dos decretos sobre vivienda con los votos de PP, Vox y Junts, ha cambiado los tiempos de un proyecto que pretendía darse a conocer el 17 de octubre. La primera reacción del Frente Amplio al anuncio de Sánchez fue positiva, si bien durante el fin de semana algunas voces alertaban de los riesgos de esa jugada. Las cuatro organizaciones defendieron que la nueva candidatura podía resultar decisiva para construir otra mayoría progresista. Se apeló a la unidad y a la necesidad de dar una respuesta electoral a la crisis parlamentaria.Sin embargo, apenas dos días después comenzaron a hacerse visibles las dificultades para concretar esa unidad. Más Madrid tomó la iniciativa y propuso una fórmula de liderazgo territorial en la que Ada Colau, exalcaldesa de Barcelona, encabezaría la candidatura por esa circunscripción y asumiría un papel central en el proyecto, mientras que Mónica García ocuparía una posición destacada en Madrid.La propuesta no había sido consensuada previamente con todos los socios. Izquierda Unida reclamó que las candidaturas fueran fruto de un acuerdo global, democrático y compartido. Su coordinador federal, Antonio Maíllo, admitió que habría preferido conocer el planteamiento de forma más ordenada, aunque posteriormente valoró positivamente la posibilidad de incorporar a Colau. Los comunes, por su parte, evitaron confirmar su candidatura y pidieron esperar a que existiera un acuerdo general.El episodio ha puesto de manifiesto un problema que va más allá de los nombres. Los cuatro partidos coinciden en la necesidad de concurrir juntos, pero todavía deben resolver cuestiones que están abiertas. Por ese motivo el Movimiento Sumar intervino este viernes para reclamar discreción y generosidad a sus aliados. La llamada llegó después de que distintas voces del espacio expresaran públicamente su incomodidad por la sucesión de propuestas y exigencias difundidas a través de los medios. La formación también eligió a su propia representante para el proceso: Verónica Barbero, actual portavoz de Sumar en el Congreso, aunque eso no implica que vaya a ser la candidata del conjunto del Frente Amplio. IU, por su parte, ratificó a Toni Valero como su representante. Ambos han tenido presenciaen el Congreso esta legislatura y su intención es repetir, pero todo dependerá de qué se pacte finalmente.El problema se complica todavía más por la posición de Podemos. La formación morada no integra el núcleo de cuatro partidos que impulsa el Frente Amplio, pero su eventual incorporación puede modificar sustancialmente las expectativas electorales y el equilibrio interno de la candidatura. Los morados han propuesto unas primarias abiertas para los días 14 y 15 de octubre y defienden a la eurodiputada Irene Montero como aspirante. Frente a esa fórmula, los partidos que promueven el nuevo espacio han evitado aceptar que la negociación sobre el liderazgo se resuelva mediante una votación planteada unilateralmente.La candidatura de Ada Colau depende de lo que Podemos haga. La exalcaldesa se ha mostrado dispuesta a desempeñar un papel destacado en una candidatura que se incorpore a los de Ione Belarra. Si los morados se bajan de la foto, Colau dará un paso atrás. Y el espacio volverá a quedarse huérfano de líder. Un escenario que ninguna de las formaciones del Frente Amplio plantea, pero que está presente en muchas conversaciones.La presión sobre las negociaciones ha aumentado con la publicación este viernes de la primera encuesta de 40dB. para El País y la Cadena SER realizada después de la convocatoria electoral. El sondeo sitúa al PP y Vox con una mayoría absoluta holgada y refleja la debilidad de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOELa diferencia entre concurrir unidos o separados resulta especialmente significativa. En el escenario de candidaturas independientes, la encuesta atribuye cinco escaños al espacio de Sumar y dos a Podemos. Si ambas fuerzas se integraran en una misma coalición, la estimación ascendería a 15 diputados, con una horquilla de entre 15 y 19.La unión, por tanto, mejoraría considerablemente el rendimiento electoral del espacio, aunque no bastaría, según este sondeo, para impedir una mayoría de PP y Vox. También habría un efecto sobre el PSOE, al que la simulación asigna menos diputados en el escenario de candidatura unitaria. La encuesta estima un 5,3% del voto para Sumar y un 2,3% para Podemos si concurren por separado. Una candidatura conjunta elevaría ese porcentaje al 9,5%, por encima de la suma aritmética de ambas fuerzas. La diferencia sugiere una mayor capacidad de movilización y retención de votantes, aunque debe interpretarse como una proyección demoscópica, no como un resultado garantizado.La debilidad electoral explica parte de la urgencia, pero también agrava los conflictos. Cuanto menores son las expectativas de representación, más relevantes resultan los puestos con posibilidades reales de obtener un escaño. Y, aunque algunos lo expresan más abiertamente que otros, todos quieren un pedazo de un pastel que no ha dejado de disminuir desde 2016, cuando la suma de Podemos e IU obtuvo 71 escaños.Mientras el Frente Amplio intenta cerrar sus candidaturas al Congreso, el PSOE estudia presentar listas conjuntas con otras fuerzas progresistas al Senado para tratar de impedir que el PP conserve su mayoría absoluta en la Cámara Alta. Tal y como explicó infoLibre ayer, fuentes del espacio consideran que la propuesta conecta con una preocupación compartida por sectores diversos de la izquierda. La posibilidad también está siendo examinada en Ferraz y en el entorno del Gobierno, aunque ya se han producido algunos contactos del PSOE en distintos territorios para explorar las posibilidades de acuerdo.La iniciativa tiene una lógica electoral diferente de la negociación del Frente Amplio. En el Congreso, los partidos intentan concentrar el voto de la izquierda alternativa para superar los umbrales que permiten obtener representación. En el Senado, el objetivo sería evitar que la división entre varias candidaturas progresistas facilite al PP hacerse con la mayoría de los senadores elegidos directamente.El sistema electoral explica la importancia de esa estrategia. En las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada elector puede votar hasta tres candidatos. Habitualmente, la candidatura más votada obtiene tres representantes y la segunda, uno. Una coordinación entre fuerzas progresistas podría alterar ese reparto en determinadas circunscripciones, aunque su resultado dependería del comportamiento efectivo de los votantes. La fórmula cuenta con antecedentes. En las elecciones de 2023, una candidatura conjunta en Ibiza y Formentera, integrada por fuerzas progresistas entre las que figuraban PSOE y Sumar, consiguió arrebatar al PP un puesto en el Senado. El impulso también procede de la plataforma Senadoras y Senadores por la Democracia, presentada esta semana en el Ateneo de Madrid, que defiende candidaturas unitarias para modificar la correlación de fuerzas en la Cámara Alta. Sus promotores, entre los que están el jurista y catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez Royo, la abogada y exdirigente de Podemos Gloria Elizo y el sociólogo Enrique del Olmo, aseguran haber mantenido contactos con PSOE, Movimiento Sumar, IU, Podemos, Más Madrid y Compromís.Sin embargo, ese acuerdo todavía está en una fase inicial. El PSOE no quiere renunciar a la visibilidad de sus siglas en las papeletas y cualquier acuerdo obligaría a resolver qué organizaciones participan, qué candidatos presenta cada una y en qué circunscripciones se concentra el esfuerzo electoral. Es una negociación que puede convertirse en una nueva prueba para el Frente Amplio. Los partidos tendrían que alcanzar acuerdos sobre sus propias candidaturas al Congreso y, simultáneamente, decidir si aceptan concurrir con el PSOE al Senado, en qué condiciones y con qué representación.El Senado introduce, además, otra variable: las candidaturas nominales permiten fórmulas de colaboración entre partidos que no necesariamente tienen que compartir todas sus listas al Congreso. Esa flexibilidad puede facilitar acuerdos, pero también abrir nuevas discusiones sobre qué fuerza aporta los candidatos y cómo se distribuyen las posibilidades de representación.