Cuando pensamos en la actividad del Sol, probablemente imaginamos manchas oscuras, llamaradas y enormes explosiones que se producen en su superficie. Pero una parte muy importante de lo que determina el comportamiento de nuestra estrella permanece oculto bajo esa brillante capa exterior. Ahora, un estudio de las vibraciones que recorren el interior del Sol, que ha sido publicado en Oxford Academic, está proporcionando indicios de que algo podría estar cambiando en su actividad magnética.Las alteraciones del campo magnético solar pueden desencadenar fenómenos conocidos como tormentas solares, capaces de enviar grandes cantidades de partículas cargadas hacia el espacio. Cuando estas partículas alcanzan la Tierra, pueden interferir con satélites, sistemas de navegación y comunicaciones, por poner algunos ejemplos. Por eso, conocer con antelación cómo evoluciona la actividad solar es uno de los objetivos de la investigación sobre el llamado clima espacial.Un ciclo solar que todavía guarda muchos misterios Con las variaciones de la actividad solar a lo largo de su ciclo de 11 años —que oscila entre fases de gran intensidad (máximos solares) y etapas de calma (mínimos solares)—, las frecuencias de las ondas sonoras que resuenan en el interior del Sol también aumentan y disminuyen. De este modo, estas vibraciones sirven para monitorear y analizar el pulso del biorritmo solarEl Sol atraviesa ciclos magnéticos que duran alrededor de once años. Durante ellos, su actividad aumenta y disminuye siguiendo un patrón que los científicos pueden estudiar mediante las manchas solares y otros fenómenos visibles. No obstante, estos indicadores solo muestran lo que ocurre en las capas exteriores. Para averiguar qué sucede más abajo, los investigadores cuentan con una herramienta mucho menos intuitiva: escuchar las vibraciones de la estrella.Además de que el Sol está en constante movimiento, en su interior se propagan ondas que hacen oscilar su superficie de forma sutil, como si toda la estrella fuese un instrumento gigantesco. Estas oscilaciones pueden medirse desde la Tierra y presentan pequeñas variaciones en sus frecuencias. Al analizar esos cambios mediante la heliosismología, los científicos pueden obtener información sobre las condiciones existentes bajo la superficie.Cuatro décadas de observaciones revelan un patrón inesperado Desplazamientos promedio de frecuencia y proxies de actividad correspondientes a cada segmento superpuesto de un año, tras la aplicación de un filtro cuadrático de suavizado (boxcar) de 9 puntos (2,25 años) para mitigar la señal cuasibienal de menor amplitud y período reducidoUn equipo de investigadores dirigido desde la Universidad de Birmingham ha utilizado esta técnica para estudiar casi cuarenta años de actividad solar. Recurrieron a las observaciones realizadas por la Birmingham Solar Oscillations Network, conocida como BiSON, una red de telescopios que ha seguido las vibraciones del Sol desde 1987. El conjunto de datos permite comparar cuatro ciclos solares completos, del 22 al 25, y observar cómo ha evolucionado la relación entre las oscilaciones internas y los fenómenos registrados en la superficie.La comparación ha revelado una transformación progresiva. Desde el ciclo 23, la conexión entre las vibraciones solares y los indicadores de actividad ya no es la misma. Al estudiar las oscilaciones de distintas frecuencias, los científicos han podido además obtener información procedente de diferentes profundidades. El resultado apunta a que los cambios estructurales asociados con la actividad magnética se están centrando cada vez más cerca de la superficie, dentro de aproximadamente los primeros 1.000 kilómetros. Durante 400 años el Sol guardó el secreto de sus enigmáticas manchas, por fin descubrimos qué hacen ahíEl ciclo solar actual, el número 25, proporciona una pista. Si se utilizan únicamente los indicadores superficiales, su actividad parece relativamente moderada. Sin embargo, las oscilaciones de frecuencias elevadas apuntan a que la intensidad de determinados procesos podría ser similar a la de ciclos anteriores. La discrepancia demuestra que observar las manchas solares no siempre basta para conocer el estado interno de nuestra estrella.Los autores interpretan estos resultados como una posible "reorganización" de la forma en que la actividad magnética tiene lugar bajo la superficie. No se trataría simplemente de que el campo magnético se haya debilitado, sino de un cambio más profundo en la estructura del ciclo solar. Aun así, los investigadores necesitan más observaciones para determinar si esta tendencia representa una transformación que llevará mucho tiempo o una característica particular de los últimos ciclos.