Barcelona vivió una paradoja el sábado 3 de octubre, en el primero de los fuertes temporales que han afectado Catalunya la última semana, algunos de ellos imprevistos. Las lluvias obligaron a las autoridades a decretar el cierre preventivo de diversas instalaciones recreativas, desde gimnasios municipales hasta teatros. En el Liceu, por ejemplo, no hubo función aquella noche. No obstante, mientras el criterio de prudencia se imponía para estos establecimientos (y las plantillas de trabajadores que hacen posible su operativa), bares y restaurantes seguían abiertos, con las calles anegadas, pero los locales llenos. Y los camareros, cocineros y demás profesionales de la hostelería (así como sus clientes) teniendo que volver a casa entre fuertes precipitaciones.Seguir leyendo....