Nos dijeron que jugar videojuegos después de los 30 era no querer crecer. La psicología lleva años encontrando razones para pensar exactamente lo contrario
Jugar videojuegos después de los 30 no es una señal de inmadurez. Investigaciones sobre motivación y bienestar explican por qué los adultos siguen encontrando en ellos autonomía, desafíos y conexiones sociales.