Ahora sí, ha vuelto Mou

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Mourinho ha vuelto. Muchos le esperaban, muchos echaban de menos su versión más dura, más combativa. Ahí lo tienen , como si el tiempo no hubiera pasado, como si el reloj siguiera marcando la hora de hace 16 años cuando Guardiola era el gran enemigo. El verdadero carácter del portugués, agazapado en sus primeros meses, asomó después del derbi en el Metropolitano cargado de razones (por favor, que no queden dudas) y se despojó de su incómodo disfraz de entrenador moderado en el partido contra el Villarreal. Nada de lo que hizo alcanza los niveles máximos ya conocidos, pero su tensión en la banda desde el primer minuto, su rueda de prensa previa al partido y su ausencia en la posterior, confirman que sí, que Mourinho ha vuelto. Con esta situación, es difícil pronosticar hasta dónde se puede seguir tensando la cuerda con el asunto arbitral y cómo serán los próximos partidos. Lo que pide el Real Madrid es algo lógico y a la vez imposible: la misma justicia para todos los equipos y en todas las situaciones. Lo es porque cuando el club echa la vista atrás, por ejemplo, sobre tirones de pelo, encuentra situaciones dispares, cambios de norma, árbitros distintos y distintas formas de juzgar. Desde luego que el Madrid tiene razón en que unos no fueron roja y el de Vinicius sí, pero es que aquellos errores no debían justificar uno más el pasado sábado. Es más, casi a la vez y en la otra punta del mundo, a Athenea del Castillo la echaron por un tirón mucho más leve que el visto en el Bernabéu. Pero es que esa diferencia de criterio pasará con las faltas, con las manos, con los tacos sobre los tobillos. Siempre habrá jurisprudencia negativa, errores del pasado que no deben servir como argumento para no pitar los del futuro. Los del Metropolitano, por ejemplo. Mourinho no es el personaje más adecuado para calmar el ambiente. Este estilo es su especialidad y ya lo puso en práctica hace unos meses cuando entrenando al Benfica se quejó de favores arbitrales al Madrid en Lisboa y fue expulsado. También es esa su forma de ganar los partidos, de gobernarlos desde el caos y de conquistar a un buen número de seguidores blancos que quieren mano de hierro contra todo y contra todos. Estamos en la jornada ocho y a dos semanas del clásico y el ecosistema frente al Villarreal era casi de frenopático. Va a ser difícil jugar así, al límite, todos los encuentros, pero si hay alguien capaz de hacerlo es Mourinho. Algunos creíamos que los años le habían calmado, que estaba zen en esta segunda etapa, que quizá ahora veía el mundo de una forma menos enfrentada. Nada de eso. Ha vuelto.