Doble 'vuelta de tuerca' de Trump sobre Cuba

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Estados Unidos ha subido a lo largo de esta semana la intensidad de su presión sobre Cuba. Después de conseguir el control de Venezuela y estrellarse en Irán –al menos por ahora–, la administración Trump ha vuelto sus ojos definitivamente hacia la isla, que es cierto que pasa probablemente por uno de sus peores momentos socio-económicos desde que triunfara la Revolución.Tanto el propio Donald Trump como su secretario de Estado, Marcos Rubio, han realizado en las últimas horas declaraciones muy significativas acerca de sus intenciones sobre el vecino del sur. El presidente ha dicho, por ejemplo, que será él "quien lleve a cabo el cambio de régimen", mientras que Rubio dijo que su país contempla a Cuba como "una amenaza" (sic).La disculpa es obvia: la imputación de Raúl Castro, hermano de Fidel, como responsable de las cuatro muertes que causó el derribo de dos avionetas en aguas cubanas. Cientos de miles de personas han salido este viernes a las calles de La Habana, tanto en defensa de su anterior líder como para responder a las amenazas lanzadas por los dirigentes de Estados Unidos.Si Cuba viene desde la Revolución soportando el bloqueo al que le ha sometido Estados Unidos para asfixiar al régimen comunista que se instauró, Trump se fijó desde el inicio de su segundo mandato en la isla y ha encontrado en el incidente de las avionetas –al menos eso es lo que piensa él– la disculpa que estaba buscando.En cualquier caso, Cuba estaba mal, muy mal, desde antes de que Estados Unidos decidiera dar una vuelta de tuerca a su asfixia al régimen prohibiendo a los países vecinos, caso de México, las exportaciones de petróleo, por no hablar de lo ocurrido con Venezuela después de la toma del control del gobierno –y su petróleo– tras la razia que concluyó con la detención y la deportación del presidente Nicolás Maduro. La ausencia de combustible se deja sentir no solo en las estaciones de servicio, sino también –y sobre todo– en los apagones, en la falta de electricidad para la vida cotidiana en hogares e industrias. El Premio Príncipe de Asturias de Literatura, el cubano Leonardo Padura, ya narra en su última novela, Morir en la playa (2024-25) los graves problemas que suponen para la vida cotidiana los apagones, y lo hace mucho antes del 'redoble' del embargo americano y la caída de un aliado como era Maduro, que enviaba petróleo a la isla a un precio político. Ah, claro, y antes de que se fueran los turistas, que han dejado de viajar a la isla tras convertirse, primero, en un sitio incómodo debido a las carencias de combustible, e inseguro después, ante la posibilidad de que finalmente se produzca algún tipo de intervención militar por parte de Estados Unidos.Por ahora no hay nada que haga pensar en una actuación inmediata, pero lo cierto es que la consideración de Cuba como objetivo es inversamente proporcional a lo ocurrido con Irán, donde Trump está a punto de dar por bueno un cese de las hostilidades sin más, 'vendiendo' que se han cumplido unos objetivos que nunca quedaron suficientemente claros. El caso es que es evidente que la agenda del máximo mandatario estadounidense necesita algún tipo de éxito tras el 'semi fiasco' de Irán y que una operación, directa o indirecta, en Cuba puede que diera la vuelta a su popularidad en Estados Unidos, muy a la baja en su país tras el incremento del precio de los combustibles como consecuencia del conflicto en Oriente Medio.Son más de sesenta años los que lleva Estados Unidos intentando poner fin al régimen de la isla, así que esa puede ser la guinda que anda buscando Trump, su particular pase a la posteridad –así lo ha dejado entrever– como el hombre que derribó el régimen castrista. Pero Cuba no es Venezuela...