(ZENIT Noticias / Barcelona-Madrid, 26.05.2026).- Mucho antes de la llegada del Papa León XIV a España, su esperada visita ya está transformando el debate público. Lo que antes se consideraba principalmente un viaje pastoral se está convirtiendo cada vez más en un espejo que refleja algunas de las tensiones más profundas de la sociedad española contemporánea: laicismo e identidad religiosa, fe y política.Dos acontecimientos que se desarrollan en Barcelona y Madrid ilustran cómo una misma visita papal puede interpretarse desde perspectivas muy diferentes.En Barcelona, una coalición de organizaciones laicas ha lanzado una campaña bajo el lema «No te espero», que insta al boicot de la visita del Papa. La iniciativa, promovida por la Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia junto con asociaciones ateas y laicas, argumenta que las instituciones públicas deben evitar conceder lo que los organizadores describen como privilegios especiales a los eventos religiosos.La campaña critica el apoyo público al viaje papal y cuestiona el uso de recursos y espacios públicos relacionados con la visita. Los organizadores presentan su iniciativa como una defensa de una sociedad laica y plural y sostienen que la neutralidad institucional exige mantener la distancia con respecto al favoritismo religioso. Entre los vinculados a la iniciativa se encuentra Joan Francesc Pont Clemente, catedrático de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad de Barcelona y figura destacada de la masonería liberal española. Su dilatada trayectoria en organizaciones masónicas, iniciativas intelectuales y círculos laicos lo ha convertido en uno de los representantes públicos más conocidos de esta corriente de pensamiento en Cataluña.Para quienes no sean de España, la relación entre la Iglesia Católica y la masonería tiene una larga y a menudo polémica historia. Desde el siglo XVIII, varios papas han expresado su preocupación por que ciertos principios masónicos promovieran posturas filosóficas incompatibles con la doctrina católica, especialmente en lo que respecta al relativismo religioso y el papel de la religión en la vida pública.El movimiento de protesta planea una concentración pública el 9 de junio, coincidiendo con una vigilia de oración presidida por el Papa en el Estadio Olímpico de Barcelona.Mientras algunos sectores organizan manifestaciones contra la visita, otro debate se desarrolla a cientos de kilómetros de distancia, en la capital española.El Ayuntamiento de Madrid se encuentra en desacuerdo sobre cómo dar la bienvenida formal a León XIV. Los partidos políticos apoyan mayoritariamente la visita del Papa, pero han surgido discrepancias en cuanto al lenguaje, el énfasis y el simbolismo.El debate no gira en torno a si se debe dar la bienvenida al pontífice, sino a qué representa exactamente dicha bienvenida.Una propuesta destaca a Madrid como una ciudad abierta y diversa, comprometida con el diálogo, los derechos humanos, las problemáticas sociales y la solidaridad con los más vulnerables (PSOE). Otra subraya el papel del Papa como jefe de Estado y sucesor de San Pedro, haciendo mayor hincapié en la herencia cristiana de la ciudad y en los temas de paz y entendimiento entre los pueblos (PP)Curiosamente, el apoyo y las críticas no se ajustan a líneas ideológicas del todo predecibles. Diferentes grupos políticos han respaldado distintas versiones de la declaración, mientras que algunos partidos han manifestado su disposición a apoyar ambos textos.Otras propuestas en discusión clasificarían la visita papal como un acontecimiento de excepcional importancia para Madrid, lo que podría permitir la puesta a disposición de las instalaciones municipales y la implementación de medidas administrativas relacionadas con la seguridad, la movilidad, la logística y la recaudación de impuestos, debido a la gran afluencia de público prevista.Quienes defienden la participación institucional argumentan que dar la bienvenida a un Papa no es simplemente una cuestión religiosa, sino también el reconocimiento de una figura internacional de gran relevancia cuya influencia moral trasciende las comunidades católicas. Los críticos, por su parte, sostienen que la verdadera neutralidad exige que las instituciones públicas eviten privilegiar cualquier tradición religiosa.Sin embargo, la intensidad del debate podría revelar algo inesperado. Una visita que supuestamente solo concierne a los creyentes se ha convertido en tema de conversación nacional tanto para creyentes como para no creyentes.Paradójicamente, incluso la oposición podría demostrar que la religión aún posee una notable capacidad para moldear la vida pública. Las sociedades rara vez organizan protestas, debates parlamentarios o negociaciones municipales sobre asuntos que consideran irrelevantes.El Papa León XIV aún no ha llegado a España, pero su visita ya plantea una cuestión con la que la Europa moderna sigue lidiando: si la fe pertenece solo al ámbito religioso o si aún tiene cabida en el espacio público.Gracias por leer nuestros contenidos. 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