EE.UU. pone en producción el MQ-25A, el dron cisterna que dará más alcance a sus cazas

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La guerra aérea embarcada acaba de cruzar una línea que llevaba años anunciándose. El primer avión sin tripulación pensado para repostar a otros aparatos desde un portaaviones ya tiene luz verde para entrar en fabricación, aunque su debut operativo aún exigirá paciencia.El protagonista es el MQ-25A Stingray, una aeronave de Boeing diseñada para liberar a los F/A-18E/F Super Hornet de una tarea ingrata: despegar cargados de combustible para dárselo a otros aviones. Con esa carga fuera de sus alas, los cazas podrán dedicar más salidas al combate y volar misiones a mayor distancia.La decisión también dice mucho sobre el rumbo de la Marina estadounidense. Los portaaviones quieren operar con aparatos tripulados y no tripulados en la misma cubierta, bajo una coordinación cada vez más exigente. El repostaje en vuelo es el primer paso práctico porque no pide al dron combatir, pero sí integrarse en una de las maniobras más delicadas de la aviación naval.El relevo de los Super HornetEl Pentágono ha concedido al programa la autorización Milestone C, el trámite que permite pasar a la producción inicial de baja cadencia. La información publicada por USNI News sitúa el primer contrato en verano de 2026, con tres unidades en el lote 1 y opciones cerradas para otras tres en el lote 2 y cinco más en el lote 3. No es una compra masiva todavía, pero sí el punto en el que el proyecto deja de ser solo una promesa industrial.La función inmediata del Stingray es sencilla de explicar y difícil de ejecutar: acercar combustible al ala aérea embarcada sin gastar horas de vida útil de los Super Hornet. La Marina ya ha probado el concepto con prototipos y ahora lo lleva a una fase en la que cada aparato tendrá que convivir con ascensores, catapultas, cables de apontaje y operaciones de cubierta. En paralelo, otros programas estadounidenses de vuelo sin piloto, como el ala volante de DARPA, muestran que el salto no se limita al repostaje. La cubierta del portaaviones será el verdadero examen.Una vista más cercana del nuevo Stingray de BoeingEl objetivo de fondo es ganar radio de acción en el Pacífico. China ha construido una red de misiles, sensores y buques pensada para mantener a los grupos de portaaviones lejos de sus costas. Por eso, cualquier milla extra que consiga un F-35C o un Super Hornet tiene valor táctico. Un tanque aéreo sin piloto cambia la aritmética de cubierta: menos aviones de combate atados al papel de cisterna y más células disponibles para vigilancia, escolta o ataque.Un contrato pequeño para una flota grandeEl coste explica por qué la entrada en fabricación se mira con lupa. Un informe de la Government Accountability Office publicado en junio de 2025 calculó el programa en 15.900 millones de dólares y un precio de unos 209 millones por aparato. Para una flota prevista de 76 vehículos aéreos, incluidas unidades de pruebas, cada retraso industrial pesa sobre todo el calendario naval.Ese calendario ya se ha movido. La Marina no espera desplegar el Stingray en portaaviones hasta el año fiscal 2029, tres años más tarde de lo previsto en planes anteriores. La capacidad operativa inicial se definirá con tres MQ-25A, personal entrenado y equipos listos para embarcar en un portaaviones compatible. Mientras tanto, la propia Marina acelera soluciones de defensa y ataque a distancia, desde el cañón hipersónico hasta el láser antidrones. El portaaviones vuelve a ser un laboratorio de urgencia.Boeing también llega a esta fase tras un hito reciente: el primer vuelo de un MQ-25A de producción en Mascoutah, Illinois, el 25 de abril de 2026. Aquel ensayo sirvió para validar que la aeronave podía rodar, despegar, volar y aterrizar bajo control del sistema de misión. En el otro lado de la competición estratégica, los drones furtivos chinos apuntan a plataformas de mayor tamaño y misiones más agresivas. Washington empieza por el combustible porque sin alcance no hay poder aéreo.El Stingray no sustituye al piloto en la misión más vistosa, pero sí en una tarea que decide cuánto tiempo puede combatir el resto del ala aérea. Si la Marina consigue llevarlo a cubierta sin nuevos aplazamientos, la primera revolución no llegará disparando misiles, sino tendiendo una manguera a otros aviones sobre el océano..image img { width: 100% !important; height: auto !important; }