El carpintero de ribera que permitirá a Ángel León acceder a su futura huerta marina en El Puerto

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Un hombre construye una pasarela de madera en el entorno de la salina San José en El Puerto. Con sus manos y una serie de herramientas levanta una estructura que permitirá a Ángel León, el chef del mar, acceder a su huerta marina y extraer la cosecha. Adrián Carrasco, carpintero de ribera natural de La Puebla del Río, es un eslabón imprescindible en el nuevo proyecto de Aponiente. El equipo de Mar Cristal Marilum S.L. acaba de presentar, junto a Ecologistas en Acción y varias entidades implicadas, un nuevo modelo de gestión de este enclave histórico del Parque Natural Bahía de Cádiz.Unas 20 hectáreas que se transformarán en cultivos de plantas halófitas que generan proteínas regadas con agua de mar, lo que el chef considera “la proteína del futuro”. Como explicó, será una huerta “debajo y encima del agua” que contará con macroalgas, salicornia europea y otras especies. Todas ellas acabarán en los platos de su restaurante de seis estrellas Michelin.Adrián y Álvaro trabajan en la construcción de la pasarela de madera de acceso a la huerta marina.-MANU GARCÍA“Esta pasarela lleva un anexo para poder acceder a coger las especies plantadas para su cocina”, explica Adrián, artífice de toda la infraestructura de madera que caracteriza a Aponiente desde su traslado a este histórico molino de mareas en 2015.  reportajesEl sueño de Ángel León se hace realidad: una salina recuperada y abierta al público en la Bahía de Cádiz Patricia MerelloEl cigarrero, con un martillo y un trompo, va colocando las tablas una a una junto a su compañero Álvaro. “Esto no es nada más para el restaurante, sino también para enseñar la huerta marina y divulgarla. Es una cosa muy bonita”, expresa Adrián.Tercera generación de carpinteros de riberaÉl es la tercera generación de una familia de carpinteros de ribera que se encargó de levantar embarcaderos en el río Guadalquivir desde la década de los 50. En el siglo pasado, numerosos barcos navegaban por sus aguas para el transporte de mercancías y paraban frente a esas construcciones de madera realizadas por los Carrasco, y otras familias.Adrián Carrasco es la tercera generación de una familia de carpinterios de ribera de La Puebla del Río.MANU GARCÍA“Mi abuelo trabajó en el Guadalquivir. Yo no lo conocí, pero sí he estado con mi padre durante un montón de años. Digamos que soy de los últimos que hizo esos embarcaderos de madera”, explica el cigarrero, que aprendió el oficio junto a su progenitor.Se formó como mecánico naval y ha dedicado toda su vida laboral al material más antiguo manejado y manipulado por el ser humano. Aunque la carpintería ha evolucionado, Adrián aplica en cada encargo ese legado familiar que lleva por bandera.Aprendizaje de un oficio casi extinto que ha obligado a los trabajadores a adaptarse a los tiempos. “Los muros de contención se hacían antes clavando pilotes de eucalipto. Ahora se hacen de hormigón y ya no son de mi competencia”, explica el carpintero.El cigarrero explica cómo es su trabajo a lavozdelsur.es.-MANU GARCÍALos carpinteros colocan las tablas de la pasarela en la salina San José.-MANU GARCÍATambién recuerda que, antaño, contaban con un barco que les facilitaba la instalación de los pilotes en el agua. Todo eso quedó atrás, pero Adrián nunca se ha desvinculado de la madera. Desde 2006 ha sido el encargado de las reparaciones de las pasarelas repartidas por el parque metropolitano de Los Toruños.La amistad con Juan Martín que le cambió la vidaCon el tiempo, conoció a Juan Martín, biólogo por entonces director de este pulmón verde de la Bahía, y comenzó a trabajar con él. “Hizo un proyecto medioambiental para yo poder hacer mis instalaciones junto al río. Creamos una amistad desde hace muchos años. Juan es una persona súper apasionada”, comenta sin soltar las tablas.Adrián Carrasco, durante la entrevista desde la pasarela.-MANU GARCÍACuando Juan, actualmente coordinador de I+D y Medio Ambiente del restaurante Aponiente, le propuso trabajar en la iniciativa de la huerta, no se lo pensó dos veces. “Yo no tengo capital para comprar tanta cantidad de madera, Ángel León me ha ido pagando por adelantado, ha confiado en mí y me ha dado esta oportunidad tan grande”, comenta Adrián agradecido.En sus primeros trabajos para el restaurante y en esta nueva actuación, Adrian asegura que le han acogido como uno más. El chef y su equipo le han acogido desde el primer momento y le hacen sentir parte de la que llama la tripulación. “Estoy muy implicado desde primera hora. Esto es una familia”, dice. Sus pies pisan un enclave histórico que, a partir de ahora, compatibilizará la actividad económica de Aponiente con el disfrute público de la marisma tras once años de intentos fallidos.