En la antigua Roma, las estatuas de los emperadores no eran inmutables. Podían cambiar de rostro. Un soberano caído en desgracia veía cómo sus rasgos eran cincelados para dar paso a la imagen de su sucesor, o incluso a la de un antepasado venerado. Esta práctica, conocida en arqueología como recarving (re-tallado), ha sido estudiada […]