Aristóteles: «No solamente conviene decir la verdad, sino también declarar la causa de la mentira»

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La verdad y la mentira han convivido con el ser humano mucho antes de que este pudiera pronerle nombre a esas situaciones. Un cazador del Paleolítico aprendió a engañar a sus presas o la serpiente mintió a Eva cuando todavía no se había desarrollado la filosofía como la conocemos. Una vez que cayó la barrera del lenguaje, miles de pensadores se dedicaron al estudio de la realidad. Aristóletes fue uno de los más destacados en esta materia. Este filósofo griego se preguntó si la defensa de la verdad tenía que ir de la mano de una lucha activa -verbal- contra la mentira. Esta fue una de las muchas materias que llegó a tratar entre 384 a. C. y 322 a. C. Desarrolló su intelecto en la biología, zoología, física, astronomía, matemáticas, psicología, poesía y otras disciplinas del Mundo Antiguo. Teorizó profundamente sobre la metafísica, la política, la ética y la estética, sentando las bases del pensamiento contemporáneo. Se dice que en la Academia se le apodaba 'el inteligente' porque era de los pocos alumnos de Platón que entendía todas sus explicaciones. Cuando el maestro falleció, sus propias obras brillaron por su carcácter práctico. «No solamente conviene decir la verdad, sino también declarar la causa de la mentira». Así lo escribió en su famoso libro 'Ética a Nicomano', especificamente en el 'Capítulo XIV. De los deleites corporales'. Aristóteles quiere decir en esta frase que para lograr que alguien crea en la verdad, a menudo no basta con exponer los hechos; también es necesario explicar por qué existía una apariencia de mentira o error en primer lugar. El primer paso es decir la verdad, aunque no es el único. El filósofo nos advierte que en el ámbito del conocimiento y la argumentación no es suficiente con limitarse a enunciar un hecho verdadero. La verdad desnuda puede ser aceptada, pero si no va acompañada de un análisis de la falsedad que pretende corregir, resulta incompleta. Decir 'esto es verdad' es un acto necesario, pero no es el final del camino; es solo el punto de partida para una comprensión más profunda de la realidad. La segunda parte de la frase, «declarar la causa de la mentira», es donde reside la verdadera enseñanza. Aristóteles sostiene que para que la verdad sea realmente efectiva y duradera, debemos explicar por qué alguien cayó en el error o por qué se difundió una falsedad. Esto implica rastrear el origen del engaño: puede deberse a un defecto en el razonamiento lógico, a una mala interpretación de los datos, a un prejuicio o incluso a una intención deliberada de engañar. Al identificar esa causa, no solo corregimos la información, sino que desactivamos el mecanismo que la generó. Al mismo tiempo, generas en los testigos una mayor confianza hacia tu palabra. Este sistema de argumentación no sólo sirve para ganar en credibilidad , sino también para enseñar a los demás a argumentar y defender sus palabras. Insiste en que no basta con ser un emisor de verdades; debemos convertirnos en desmontadores de mentiras. Al exponer la causa del error, educamos a nuestro interlocutor, evitamos que repita el mismo fallo y fortalecemos la propia verdad al contrastarla con su opuesto. Es una lección de rigor intelectual: la verdad gana autoridad no solo por ser cierta, sino por haber sabido explicar de dónde surge la falsedad que la niega. La cita completa se encuentra en 'Ética a Nicomano' de esta forma: «Pero por cuanto, no solamente conviene decir la verdad, pero también declarar la causa de la mentira (porque esto importa mucho para ganar crédito, pues cuando parece conforme a razón aquello, por donde lo que no es verdad parece serlo, es causa que a lo que es verdad se le dé más firme crédito), es bien que digamos qué es la causa por donde los deleites corporales parecen más dignos de escoger». En el día a día, esto significa que para resolver un malentendido, a veces debemos detenernos a explicar la perspectiva, la intención o las circunstancias detrás de un error para que la verdad sea aceptada. El ingenio de Aristóteles ha llegado hasta nuestros días, cuando todavía apoyamos muchos de nuestros actos en el engaño : el trampantojo, los concursos de imitaciones, las estafas bancarias, la edición de fotografías para las aplicaciones de citas, la identidad secreta de los superhéroes...