Tras la colisión del asteroide de Chicxulub, el mundo quedó cubierto por oscuridad, cenizas y materia orgánica en descomposición. Según varios investigadores, aquellas condiciones permitieron el mayor auge de hongos de toda la historia del planeta, creando un entorno biológico tan hostil que incluso los supervivientes de la catástrofe tuvieron dificultades para resistir.