En innumerables ocasiones habrá escuchado eso de que el corazón es el órgano del amor, pero Aurelio Rojas, especialista en salud cardiovascular y divulgador en las plataformas digitales, va más allá de una metáfora. El experto describe durante su intervención en el proyecto educativo Aprendemos Juntos, impulsado por BBVA, la conexión biológica entre el cerebro y esta víscera hueca, desmintiendo la idea de que este último sea solo un músculo aislado. El influencer de la salud explica que el corazón posee miles de neuronas y receptores sensibles a sustancias químicas que responden inmediatamente a estados de ánimo como el estrés o la tristeza. Por lo tanto la conexión entre el cerebro y el sistema cardiovascular es más profunda de lo que se cree, hasta el punto de que los estados emocionales pueden influir directamente en la salud cardíaca. «Nuestro corazón es sumamente sensible a todo lo que sucede a su alrededor, incluidos los sentimientos», sostiene el divulgador durante la charla, que explica que «cuando tenemos situaciones de estrés y de ansiedad importantes», lo primero que notamos es el corazón: «esa presión en el pecho, esa falta de aire, esa taquicardia». En esta línea, el especialista advierte de que factores como la soledad no deseada, la tristeza o una mala salud mental no solo afectan al bienestar psicológico, sino que incrementan significativamente el riesgo de padecer enfermedades del corazón. Según detalla, la evidencia científica muestra que estos estados emocionales alteran neurotransmisores que, además de actuar en el cerebro, impactan directamente en la función cardíaca a largo plazo. El cardiólogo destaca un dato especialmente revelador: sentirse solo y no querido puede equiparar el riesgo cardiovascular al consumo diario de hasta seis copas de alcohol. Una situación que, según señala, es especialmente preocupante en personas mayores, donde la soledad se convierte en un factor de riesgo silencioso pero determinante. «Sentirse solo y no sentirse querido equipara el riesgo de problemas de corazón a beber seis copas de alcohol al día», advierte. A esta alerta se suma la del catedrático de Fisiología de la Universidad de Valencia, José Viña, quien también ha avisado recientemente sobre el impacto de las relaciones personales en el envejecimiento. El experto asegura que convivir con personas negativas o conflictivas no es solo una percepción subjetiva, sino un fenómeno respaldado por la ciencia. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) cuantifica este efecto: cada persona conflictiva en el entorno cercano puede aumentar la edad biológica hasta en nueve meses y acelerar el envejecimiento en torno a un 1,5%. Viña insiste en que el estrés derivado de relaciones tóxicas eleva la inflamación, altera el descanso y favorece la aparición de enfermedades crónicas, incluidos los problemas cardiovasculares. En este sentido, recalca que las relaciones positivas tienen un efecto protector comparable al de una alimentación saludable o la práctica regular de ejercicio físico. Ambos expertos coinciden en una idea clave: la salud del corazón no depende únicamente de hábitos como la dieta o el deporte, sino también del entorno emocional y social. Por ello, recomiendan cultivar vínculos afectivos sólidos, rodearse de personas que aporten bienestar y aprender a priorizar las relaciones personales frente a otras exigencias del día a día. «Si queremos mantener un corazón fuerte, hay que dar prioridad a las personas que nos quieren. No solo tenemos que aprender a comer bien, no solo tenemos que aprender a hacer ejercicio físico e incorporarlo a nuestra vida cotidiana, no solo tenemos que aprender a tener las herramientas para descansar, sino que no nos tenemos que olvidar de juntarnos con ese ser querido, con nuestros amigos, con nuestra familia. Aprender a decir 'no' a lo urgente, y darle prioridad a lo que realmente es prioritario», concluye.