El Último de la Fila exhibe en directo su increíble imaginario musical

Wait 5 sec.

«Creo que sobreviviré / Conflicto armado en Irak / Peligro según Radio Clash / Hay guerra en mi habitación / Si buscas me encontrarás». Han pasado más de 40 años de se publicara «Conflicto Armado» de Los Burros y parece que esos versos sobre la fatalidad de la guerra, y sobre cómo la música configura nuestra identidad, siguen igual de vigentes en pleno siglo XXI. Y una de las dos primeras canciones con la que abren el concierto madrileño, en el Estadio Metropolitano, de su gira de reunión. Estamos en 2026 y el público sigue igual de entregado, que en los 80 y los 90, ante El Último de la Fila, una de las bandas más originales que ha dado nuestra escena musical. Antes del exito de El Último Manolo García y Chimy Portet formaron dos bandas seminales, la mar de interesantes, Los Rápidos y Los Burros. Su concierto madrileño comienza con dos clásicos de Los Burros. La irresistible y antológica «Huesos», y la mencionada «Conflicto Armado». Un homenaje a sus inicios, y a la persistencia de la bandas que empiezan. A qué uno tiene que persistir en su pasión, y en su talento, a pesar de las decepciones y de los enveses vitales. En esas primeras canciones, entre canción y canción, Chimy Portet comenta que a los conciertos de aquellas dos bandas iba muy poca gente, pero que Manolo repetía a esos seguidores que se multiplicarán como los peces. Y se multiplicaron. Vaya sí se multiplicaron los fans. Como los panes y los peces. Quizás por eso los peces sean el símbolo, el icono de El Último de la Fila. Unos peces que llenan la escenografía de esta gira, a ambos lados de los laterales de las pantallas y hacia el fondo del escenario. Preside un gran pez iluminado al frente del escenario que se solapa, y cambia de colores, con un luminoso fijo en el que se lee «El Último de la Fila». Como si se tratara de una gran verdad. Y añado, los últimos serán los primeros. «Querida Milagros», «Mi patria en mis zapatos», «Aviones Plateados», «El Loco de la Calle», los himnos de El Último se suceden, van sonando poco a poco. La banda catalana tiene preparado un arsenal de canciones, que resumen de manera fidedigna, y honorable, su trayectoria. Manolo García exhibe su fortaleza vocal en «Soy un Accidente», antes de darse un baño de masas mezclándose entre el publico, parapetado por una comitiva de seguridad. Es la magia de sus canciones. Que suenan con garra, cargadas con el poder de la lírica de sus versos, de sus letras. La música es magia. Y Manolo García lo sabe. En un discurso entre las canciones iniciales García ensalza todas las músicas, sean rock, pop, heavy, rap... «El pueblo llano que somos nosotros hacemos feliz al pueblo llano», dice a la audiencia. Y confiesa sonriente, «Nos hacéis felices, gracias». Acto seguido suena espléndida «La Piedra Redonda». Y es que no hay fórmulas en El Último, solo una querencia por el pop con influencias del rock y de la rumba, en una conexión singular y única que les ha hecho figura esencial, imprescindibles en la historia musical de nuestro país. Para ejemplo, al interpretar «Mar Antiguo» nos llevan a las raíces y a esa contemplación de nuestro entorno, el medio ambiente (en forma de mar, de lluvia, o de olivar), tan presente en el universo de El Último de la Fila. A mitad de concierto «Disneylandia» sirve como último guiño y homenaje a Los Burros. Para continuar con «Cuando el martes te tenga», incluido en su magnífico «Nuevo Pequeño Catálogo de Seres y Estares' (1990), el álbum con el que su carrera dió un salto cualitativo, por ser el álbum con el que ficharon por la multinacional EMI. También recuperan de aquel álbum »Canta por mí«. De ésta canción, dejan huella versos como »Cuando todos seamos libres / Cuando las piedras se puedan comer / Y ya nadie sea más que nadie«. Vemos en las pantallas a Manolo García luciendo una palestina al cuello. Las imágenes valen más que las palabras. La banda que acompaña a El Último de la Fila consigue en todo momento propulsar el sonido de la banda. No seré yo quien alabe el sonido de los conciertos en los estadios, dónde se pierden los matices. Y menos en las gradas altas. Dónde esté una sala con un equipazo y la cercanía entre artistas y público, que se quiten las grandes recintos. Pero en el Metropolitano suena el todo con mucha garra. En la banda destaca el virtuoso Pedro Javier González, encargado de la guitarra española, que demuestra su maestría cuando se acerca por rumbas o por otro palos. Ya bien avanzado el concierto nos arrebata «Llanto de Pasión» dónde Chimy Portet se luce a la guitarra y los «nananás» del público colman el Metropolitano, acentuados por una contagiosa y juguetona melodía de sintes. «Lápiz y Tinta», incluida en 'Astronomía Razonable' (1993) hace clamar al público e iluminar sus teléfonos móviles. La letra de Manolo García parece que nos invita a disfrutar de las pequeñas detalles, de esas grandes cosas que la vida nos regala. Y A aplicarnos a sentir íntegramente, con toda nuestra conciencia y presencia. Los días se van, ahora quiero sentir, también a la dulce «Sara». Y su música también llama a vivir «Lejos de la Leyes de los Hombres», de manera impetuosa, con decisión. La maquinaria musical de El Último de la Fila resulta imparable, «Dulces sueños» dispara fuego (a modo de efectos) e inunda el ambiente de solos de guitarra de Portet y del batería. Unos videos de El Último de la Fila de actuaciones primigenias de los 80 sirven de documento antológico. Y a la banda le permite de descanso previo a los bises. Esas imágenes acaban con unos jóvenes Manolo y Chimy con un peluche de un pato. Juventud divino tesoro. En ese último lote de canciones, en los bises, 'Ya no danzo al son de los tambores' suena como una letanía con aires de blues pero también con la convicción de las canciones que dejan una estela. A continuación recuperan «Los Ángeles No Tienen Hélices» e «Insurrección», incluidas en su magnífico segundo álbum 'Enemigos de lo Ajeno' (1986). Los ejercicios de coros de Manolo con el público anuncian un momento culmen en la noche con «Como un Burro Amargado a la Puerta del Baile», una canción que sonó (y aún suena) por doquier en cualquier fiesta, por radios y garitos. «Y si sólo tengo amor / ¿Qué es lo que valgo yo? / Si tengo ganas de bailar, / ¿Para qué voy a esperar? / Ahora necesito amor, / Es mi única ambición; / Como yo no sé bailar, / A galeras a remar». La ambición de un concierto es poder cantar, y bailar, de felicidad. Y eso es algo que sucede con El Último de la Fila. Y qué decir de «Insurrección» un himno total, con el que el estadio Metropolitano parece que se cae abajo. Y la gente parace que levanta su propia revolución interior pero en colectividad. En ese momento Manolo García se pone una camiseta negra del Atlético de Madrid, «honor y respeto para nuestro contrincante deportivo», dice agradecido por el obsequio. Aunque luego aclara que no es muy seguidor de fútbol, pero que el Atleti es el Atleti, y que se han sentido muy a gusto aquí. «Un buenas noches, nos vamos ya», hace que un silbido reclame a la banda. Después de 26 canciones, una versión de 'El rey' de José Alfredo, una canción universal del gran cantante y compositor mexicano, sirve a Manolo García para lucirse vocalmente. Es el colofón perfecto y cierra un concierto impecable. Se ilumina el estadio a modo de despedida por todo lo alto, a lo grande. Y es que los versos de José Alfredo son muy grandes, son pura confesión de principios. «Con dinero y sin dinero / Hago siempre lo que quiero / Y mi palabra es la ley / No tengo trono ni reina / Ni nadie que me comprenda / Pero sigo siendo el rey». Ya para cierre, y como agradecimiento final, presentan a la banda: José Luis Tévez, Irene Miguel Eva Reina, Sara García Pedro Javier González, Antonio Fidel, Juan Carlos García, Ángel Celada y al resto del equipo. La música también es un ejercicio (y trabajo) colectivo. Jacinto Martín canta 'a capella' como broche final. Una versión instrumental, orquestal, de «Mar Antiguo» da por zanjado el concierto, pese a los silbidos del público, que inagotable, pide más. Creo que se puede dar por satisfecho. El espectáculo ha estado a la altura de una banda imprescindible en la historia de la música popular española. Que las giras de reunión sean así de grandiosas.