La moda de 'los Marcos Llorente' convierte a los dermatólogos en cazadores de bulos: «La crema no provoca cáncer»

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Rutinas faciales con una decena de productos cada día, agua mineral en hielo para acabar con todas las arrugas de la cara e incluso exfoliaciones en el rostro a base de excrementos de vaca. Cuando uno abre sus aplicaciones de redes sociales y el algoritmo así lo considera, una enorme cantidad de este tipo de contenidos invade su muro. En los mejores casos, pasará desapercibido y no tendrá mayores consecuencias, pero en muchos otros, y cada día más según las vivencias de los profesionales, los usuarios caerán en esos 'consejos' y empezarán a dejar que su piel se convierta en víctima de estos bulos cada vez más recurrentes y que obligan a los dermatólogos a reconvertirse en rastreadores de la desinformación para perseguirla. Ya desde hace unos años son cientos los profesionales españoles de dermatología que han empezado a tener presencia en redes sociales para transmitir por ahí el contenido científico. Pero más allá de hablar sobre su trabajo, de los tratamientos que realizan o de las innovaciones que van surgiendo en el campo médico, cada vez son más los que se reconvierten y, además de todo lo anterior, se dedican a desmentir la desinformación con la que se encuentran. Pero competir contra los «charlatanes», aseguran, es cada vez más difíciles. «Al final, los mensajes negativistas de la ciencia que son más disruptivos y llamativos en general generan más interacciones, se comentan más, se comparten más, etc. Y eso está muy favorecido por el algoritmo de las redes sociales y hace que se primen más que los mensajes más racionales», lamenta Alexandre Docampo, dermatólogo en la Clínica Gavín de Vigo que acumula más de 100.000 seguidores en sus redes. El hecho de que estas desinformaciones circulen con rapidez promueve que no dejen de surgir nuevos contenidos del mismo tipo. Los bulos más extendidos son los que tienen que ver con la exposición y abarcan muchos mitos: exponer los genitales al sol aumenta la testosterona y la fertilidad, hay que poner a los bebés al sol para que generen callo solar, la exposición reiterada y sin protección no provoca cáncer de piel, lo hacen las cremas para que las farmacéuticas ganen más dinero, con gafas te quemas más o los mejores protectores son los caseros a base de grasa de vaca. «Al día, puedo dedicar entre dos y tres horas a desmentir este tipo de contenido. Porque al final no es solo ver el vídeo y contestar, requiere también bastante trabajo de documentación porque aunque uno domine un tema, para contestar bien a estos mensajes hay que estar muy seguro de lo que se dice y estudiarse la evidencia científica más reciente», sostiene Docampo. Y esa es otra de las facilidades que encuentran quienes se dedican a esparcir ese tipo de contenido falso, asegura este médico, pues los profesionales no trabajan en esto, tienen sus consultas y pacientes a los que atender, por lo que juegan en desventaja. «Es frustrante y da rabia que estos charlatanes se estén lucrando y haciendo negocio a base de engañar a la población. Al final tenemos que hacer ese trabajo para desmentir esos bulos, pero también agota», dice, y hace un llamamiento a que más dermatólogos se sumen a esta corriente para que el mensaje sea más efectivo. De hecho, este ha sido uno de los temas que se ha tratado durante el congreso anual de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), celebrado esta semana en Maspalomas (Gran Canaria), pues los especialistas creen que es fundamental ampliar su presencia en las redes. Coincidía además con la reciente intervención del futbolista Marcos Llorente en 'El Hormiguero', en la que el jugador insistió, como ha hecho ya otras veces, en su teoría sobre el callo solar, que defiende que con la exposición progresiva la piel desarrolla una tolerancia al sol y en su rechazo a las cremas protectoras. Cuando, como en este caso, es un personaje público el que pone de actualidad este tipo de teorías, los contenidos similares en redes sociales se disparan. «Se nota muchísimo, es alguien con muchísimos seguidores. Usa su notoriedad para llegar a más personas y se viraliza muy rápido. Y quienes están detrás de estos contenidos lo saben, y aprovechan a esa figura conocida para hacer negocio», sentencia Alexandre Docampo. «Es muy fácil hablar de la piel porque es un órgano muy accesible. A nadie se le ocurre hablar del corazón, del hígado o de los riñones, pero la piel se ha convertido en algo fácil de abordar», lamenta por su parte Natividad Cano, dermatóloga en el Instituto Natividad Cano, que cuenta con más de 80.000 seguidores en las redes sociales. Y saca a relucir el «arma de doble filo» de estas herramientas, que por una parte ayudan a difundir contenido que puede ayudar a la sociedad mientras a su vez dan a cualquiera la posibilidad de difundir todo lo que considere. «Continuamente me llegan preguntas por publicaciones de charlatanes, tanto sanitarios como no sanitarios, que tengo que desmentir o no desmentir. Porque la verdad es que un trabajo muy costoso y difícil porque aunque tienes ganas de desmitificar los bulos a veces piensas: 'Por qué tengo que estar yo argumentando científicamente a un señor que se ha vestido de fotoprotector y dice que no sirve de nada'», lamenta esta dermatóloga, pero reconoce que, aunque en determinados momentos pueda resultar frustrante, los profesionales deben abordar este tipo de contenido y desmentirlo con todas las herramientas de las que dispongan. Su percepción es que este tipo de contenido ha aumentado en los últimos tiempos, con muchas publicaciones centradas en el sol o en la caída del pelo, pero también en los tratamientos del cuidado de la piel, con miles de vídeos que inundan las redes sobre rutinas de limpieza, exfoliación e hidratación del rostro. «Es una locura que alguien haga un tipo de 'skin care' que ha visto por redes sociales porque puede empeorarla. Para tratar la piel, primero hay que diagnosticarla, y eso lo tiene que valorar un dermatólogo», expone Cano. Las consecuencias de estas tendencias ya se ven en las consultas a través de acnés o rosáceas, entre otras patologías. Coincide Docampo en que los efectos de estas tendencias virales comienzan a verse en las consultas, aunque «por suerte», dice, todavía de forma minoritaria. Sin embargo, teme que las consecuencias de esos contenidos, sobre todo los relacionados con el sol, lleguen en unos años, pues los daños solares suelen aparecer décadas después. Es imprescindible, apuntan estos profesionales, continuar con esa labor de rastreo y divulgación para poder luchar contra el aumento de esta desinformación. Así como que los dermatólogos traten de dejar para la consulta la seriedad profesional e intenten generar contenidos llamativos. «Tenemos que intentar que la imagen sea menos seria. Hay que huir de que la ciencia se vea como algo frío o ajeno cuando es algo que afecta a la salud de todos y a lo que todos pueden acceder. Es importante que demos mensajes correctos, pero de una forma en la que pueda llegar a más personas», concluye Alexandre Docampo.