Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Mateo 5:3 Amado Padre que estás en el cielo, te damos gracias por querer darnos felicidad y sostener con la firmeza de tus manos nuestra vida terrenal. Que tengamos la confianza de estar bajo tu cuidado. Concédenos la luz de la fe, y que esta luz nos guíe en los asuntos materiales, y nos ayude a esperar con paciencia hasta que se abran las puertas para nosotros y podamos entrar según tu deseo. Bendícenos a todos; bendice nuestra vida. Que nos volvamos alegres y libres de corazón por medio de todo lo que nos da Cristo Jesús. Que tu obra divina y tu amor paternal nos eleven y apoyen durante toda nuestra vida, sobre el fundamento que Jesús ha establecido para nosotros. Amén. Artículos recientes de Plough Sarah Killam Crosby Extraños dones del Espíritu ¿Qué pueden aprender otros cristianos del pentecostalismo? Leer Stanley Hauerwas El nuevo lenguaje de Dios En Pentecostés, Dios creó una comunidad de personas cuyas diferencias contribuyeron a su unidad. Leer