OpenAI vuelve a quedar en el centro de una demanda muy delicada, pues una mujer de San Francisco, identificada en la causa como Jane Doe, acusa a la empresa de haber permitido que ChatGPT reforzara las ideas delirantes de su expareja hasta convertir el chatbot en una herramienta más dentro de una campaña constante de acoso y amenazas.La denuncia presentada en abril de 2026 no sostiene que la IA “creara” por sí sola al acosador, pero sí que habría alimentado su deterioro mental y validado su obsesión. Ahí está el punto más sensible de la demanda, pues no se discute solo qué respondió ChatGPT, sino si OpenAI ignoró señales suficientes como para intervenir antes.ChatGPT reforzó delirios y OpenAI no hizo nadaSegún el informe judicial, el hombre empezó a usar ChatGPT de forma intensiva tras la ruptura en 2024. Con el tiempo desarrolló ideas paranoicas sobre conspiraciones, supuestos descubrimientos científicos y una imagen cada vez más obsesionada de su ex. La mujer sostiene que el chatbot llegó a reforzar esa visión y que él utilizó ese material para acosarla con correos, informes pseudopsicológicos y amenazas cada vez más graves.La parte más comprometida para OpenAI está en que la cuenta del hombre ya había sido marcada internamente por contenido relacionado con “armas de destrucción masiva”. Pese a ello, su acceso habría sido restaurado tras una exhaustiva revisión humana. La demandante también afirma que avisó a OpenAI en noviembre de 2025 con pruebas del abuso y que la empresa respondió reconociendo que el caso era “extremadamente serio”, pero que luego la compañía no hizo absolutamente nada.En enero de 2026, el hombre fue arrestado por varios cargos graves, aunque posteriormente quedó en libertad por un problema procesal, lo que llevó a la mujer a pedir además una orden para que OpenAI preserve transcripciones y mantenga suspendidas sus cuentas.Otro frente judicial más para OpenAIEste caso llega en medio de una racha especialmente incómoda para la compañía. Hace muy pocos días surgió otra demanda contra OpenAI por el supuesto uso de ChatGPT en un ataque armado, así como también la demanda por la muerte de un estudiante tras seguir supuestos consejos médicos del chatbot. Si bien estos casos no están relacionados, todos empujan el mismo debate: qué responsabilidad tiene una IA cuando el usuario entra en una espiral peligrosa.Ante este tipo de casos, y sobre todo cuando hay una denuncia de por medio, OpenAI suspende las cuentas relacionadas. De igual manera, el problema de fondo sigue abierto. Cuanto más se parezca una IA a una voz que acompaña, valida y conversa sin descanso, más difícil será sostener que se trata solo de una herramienta neutra.