Es comprensible que los padres quieran celebrar cada logro de sus hijos. La mayoría lo entiende como una forma bonita de recompensar su trabajo, reforzar su autoestima y demostrarles que están orgullosos de ellos. Sin embargo, convertir cada acto de reconocimiento en un gran espectáculo puede acabar enviando un mensaje muy distinto al que se pretende, advierte la psicóloga Rocío Ramos-Paúl, conocida como 'Supernanny' por su participación en el popular programa. Fiestas de cumpleaños con castillos hinchables, graduaciones de guardería con birrete y comuniones convertidas en bodas. Las celebraciones infantiles han aumentado de tamaño, coste e intensidad en los últimos años, hasta el punto de convertirse en una fuente de presión económica y social para muchas familias. «Estamos hablando de unos 600 euros por niño», explica la experta al referirse al gasto que pueden implicar determinadas celebraciones, como graduaciones, entre traje, viajes, cenas y fiestas. Todo esto, afirma, conduce a la pregunta clave: «¿Hay que celebrarlo todo?». Ramos-Paúl reconoce que sí es importante celebrar los momentos felices, pero cree que el problema está en la dimensión que han adquirido muchos de estos eventos. «Yo sí que creo que hay que celebrarlo todo. Creo que nos estamos equivocando en la intensidad y la cantidad de tirar la casa por la ventana cada vez que hay que celebrar algo. A lo mejor no es necesario que un niño de menos de 3 años lleve un birrete», afirma. El exceso en el que suele incurrirse, subraya la psicóloga, puede acabar afectando a la educación emocional de los niños: «Celebramos tanto y todo que, cuando llegue lo extraordinario, ¿qué vamos a hacer? Es decir, si estamos celebrando los cumpleaños como los estamos celebrando, llegan las comuniones y casi tiene que ser una boda». El principal problema, destaca, es que muchas de estas celebraciones llegan sin esfuerzo previo del menor, lo que genera en ellos la sensación de que tienen derecho a cualquier cosa sin necesidad de hacer mucho. «Una persona que tenga mellizos y los tenga en bachillerato, se tiene que quitar las vacaciones de verano, que yo le estoy diciendo a mis hijos, 'mira, tú, sin ningún esfuerzo, te he puesto en el centrito de la familia, de todo lo que tenemos que hacer, sin ningún esfuerzo, sin ninguna frustración, tú eres merecedor de todo y además de manera inmediata'», reflexiona. La psicóloga es consciente de decir 'no' puede resultar más difícil de lo que parece: «La teoría es muy fácil, pero ser asertivo en estos casos es complicadísimo . Tu hijo primero, pero luego los padres empiezan 'este es un rata porque no lo celebra'». Por eso, aboga por reconocer los logros de los hijos de una forma sensata: «Celébralo todo, pero ajusta la importancia del acontecimiento y el esfuerzo que haya puesto tu hijo. Ajústalo a la fiesta y hazla siempre según tus posibilidades».