En 2021, siguiendo los pasos de Bob Dylan, Bruce Springsteen, Sting, Justin Bieber y otras estrellas de la música, los Red Hot Chili Peppers vendieron los derechos de publicación de sus canciones al fondo Hipgnosis Songs por 140 millones de dólares, con el objetivo de capitalizar sus hits de forma inmediata en lugar de esperar a cobrar los correspondientes royalties año por año. En estos cinco años se han producido multitud de operaciones similares con muchas otras leyendas del pop y el rock, y esta misma semana, la banda californiana ha completado su plan vendiendo todas sus grabaciones (es decir, los másters de sus discos) a Warner Music Group en un acuerdo valorado en más de 300 millones de dólares . «Parece que empieza a volver a haber movimiento con este tema», respondía a este diario el experto Manuel López (del bufete legal Sympathy for the Lawyer) al hilo de la noticia. Y tenía razón, ya que apenas 48 horas después se ha anunciado una adquisición milmillonaria: Sony Music Publishing se ha hecho con la cartera de derechos musicales de Recognition Music Group (propiedad del fondo Blackstone), que incluye más de 45.000 canciones de artistas como Rihanna, Bon Jovi, Leonard Cohen, Beyoncé, Shakira, Mariah Carey o Lady Gaga por 4.000 millones de dólares , el equivalente a unos 3.400 millones de euros. De esta manera, Sony cobrará sine die (o hasta que revenda) todo el dinero que generen canciones de enorme éxito global y rentabilidad más que contrastada como 'All I Want For Christmas Is You', 'Umbrella', 'Hallelujah', 'Bad Romance', 'Livin' On A Prayer' o 'Single Ladies'. «Estamos muy orgullosos y entusiasmados de representar este increíble catálogo de muchas de las mejores canciones de la historia del pop a través de esta trascendental adquisición», ha declarado el presidente de Sony Music Group, Rob Stringer, añadiendo que «esta transacción ofrece un resultado muy positivo para Blackstone y nuestros inversores, y representa una nueva muestra de confianza en los derechos musicales como una clase de activo consolidada institucionalmente». «Está siendo una inversión bastante atractiva y en España está empezando a haber interés, nosotros ya hemos hecho algunas cosas en ese ámbito», explica Manuel López, que no obstante señala que nuestro país «aún es territorio virgen con este tema». La razón más evidente es que los repertorios más jugosos son los de cantantes y grupos mundialmente conocidos, «especialmente los clásicos», apunta López. «Los catálogos más recientes, o no son tan interesantes para el inversor, o el propio artista considera que tiene suficiente con otras vías de ingresos, como las giras, adelantos y otros conceptos, y ven más óptimo conservar sus derechos porque van teniendo ingresos anuales grandes. Los artistas veteranos ven cerca la jubilación y con estas operaciones reciben más dinero de lo que podrán recibir año a año en lo que les queda de vida. Además muchos prefieren dejar sus herencias resueltas, porque siempre es más fácil repartir dinero entre tus herederos que dejarles la gestión de unos derechos que puede ser farragosa y problemática». Así, con una sola firma los artistas no solo ganan pueden ganar un día el dinero de toda una vida, sino también de toda una muerte, ya que lo estratosférico de las cantidades que se manejan responde a la más que probable y duradera rentabilidad del material tras el deceso de su autor. En ese sentido, Pete Townshend , que acaba de cumplir 81 años este 19 de mayo, ha vendido los derechos de su nombre, su imagen y su música a la compañía Primary Wave por un precio no revelado pero que, según la compañía, ha ascendido a una suma de nueve cifras. En España tenemos artistas que pueden considerarse clásicos que han sido tentados para vender sus composiciones y grabaciones, pero que consideraron que la oferta no les hacía justicia. Hace unos años, Kiko Veneno contó a este diario que le ofrecieron cien mil euros por las suyas, una cantidad que consideró «ridícula» con toda la razón del mundo. Al comentárselo a Enrique Bunbury hace unos pocos días, contestó: «Lo que le ofrecieron a Kiko Veneno es directamente un insulto . A mí también me ha llegado alguna oferta y era bastante más, pero ni siquiera llegué a considerarla». Manuel López explica que «las normativas españolas» son parte de la razón por la que este modelo no se ha implantado hasta el momento, «porque establecen una serie de limitaciones que no hay en otros países», que obligan a trocear la venta en diferentes conceptos e implican negociaciones más complejas o incluso las hacen imposibles. Pero también influye la propia idiosincrasia del mercado nacional , «que no tiene tantos artistas clásicos disponibles para hacer operaciones de este tipo, debido a que a nivel autoral, es decir, la parte compositiva, la cedieron en su momento a editoriales y ahora no tienen control sobre esos derechos; y a nivel de másters, pues lo mismo: en los años en los que empezaron, había muy pocos casos en los que el artista fuese dueño de sus masters. Por eso solo tienen para negociar la parte minoritaria de royalties que ya están percibiendo por derechos de autor. Y comprar eso es una operación mucho menos atractivo que comprar el paquete completo, con el catálogo de másters y/o los derechos editoriales, que te dan todo el control». En cualquier caso estamos ante un mercado boyante y con futuro por que además de ser un negocio rentable, es fiable a largo plazo: las canciones que se están comprando son himnos atemporales, activos financieros con un valor que difícilmente caerá (más bien al contrario), y además, gracias al streaming se puede monitorizar su rendimiento en tiempo real. Un equilibrio perfecto entre seguridad y plusvalía que sin duda atraerá a cada vez más inversores y, ya veremos si para bien o para mal, cambiará la industria musical.