Seguro que alguna vez has vivido ese momento tan incómodo en el que estás cenando con amigos o con la familia y, de repente, una de las parejas del grupo empieza a lanzarse indirectas. Lo que empieza como una «broma» inocente sobre los defectos del otro termina convirtiéndose en una retahíla de pullitas, reproches por cosas del pasado o menosprecios sutiles delante de todo el mundo. El ambiente se corta, los demás miran al suelo y la persona señalada traga saliva intentando disimular la vergüenza. Este tipo de situaciones, lamentablemente muy comunes, son las que han llevado al psicólogo sevillano Javier García Ruiz (conocido en redes sociales como @psicologo.sevillano ) a hacer una reflexión sobre este tema en su perfil de Instagram. Para él, las relaciones de pareja deben estar para protegerse y cuidarse , no para exponernos ni dejarnos en evidencia ante los demás. En el vídeo, Javier García recuerda una frase de un manual de terapia de pareja que le marcó hace años: «Coach in private. Clap in public» , que traducido al español significa «Corrige en privado. Aplaude en público». Esta idea, que parece de sentido común, se olvida con demasiada frecuencia en el día a día. El psicólogo confiesa que le genera mucha tristeza ver cómo algunas personas aprovechan las reuniones sociales para airear los trapos sucios de su pareja o hacer mofa de sus errores. A veces se camufla como humor , con comentarios pasivo-agresivos, pero el daño emocional que generan esas actitudes es completamente real. Afear la conducta de la persona con la que compartes tu vida delante de otros no sirve para que «aprenda la lección». Al contrario, recurrir a la humillación pública o a la queja constante con terceros lo único que consigue es dinamitar la confianza y crear una brecha de resentimiento muy difícil de cerrar. En el vídeo compartido con sus seguidores, Javier explica que en su propia relación existe una norma no escrita que jamás se han saltado: no hablar mal el uno del otro en público. No hizo falta que redactaran un contrato ni sentarse a negociarlo, sino que surgió de manera natural porque entendieron que las pullitas y los menosprecios no tienen ninguna gracia. «Tu pareja debería ser alguien que te apoya y te cuida emocionalmente, no alguien que está dispuesto a dejarte mal delante de otras personas por beneficio propio o porque no sabe controlar sus emociones», afirma el psicólogo. García Ruiz aclara que esto no tiene nada que ver con el «qué dirán» o con aparentar una relación perfecta de cara a la galería. Se trata de algo mucho más profundo, es una cuestión de cuidar, proteger y respetar a tu pareja por encima de todo. Al fin y al cabo, si decides emprender un proyecto de vida con alguien, se sobreentiende que ambos jugáis en el mismo equipo. Y en un equipo sano, los jugadores se cubren las espaldas, no se meten goles en propia puerta. Poner límites a los comentarios públicos no significa, ni mucho menos, que haya que morderse la lengua o barrer los problemas debajo de la alfombra. Todas las parejas discuten , tienen desencuentros y pasan por rachas complicadas. El psicólogo no dice que esté mal desahogarse de vez en cuando con un amigo o con algún familiar. El tema está en el espacio y en la intención. Si tu pareja ha hecho o dicho algo que te ha molestado, la pregunta que debes hacerte es: ¿de verdad no puedes esperar a llegar a casa para hablarlo a solas? Los conflictos reales se solucionan cara a cara , de forma constructiva y en la intimidad. Utilizar una reunión con más gente para «pintarle la cara» a tu pareja solo demuestra una alarmante falta de gestión emocional y de respeto hacia el otro. Al final, el amor bien entendido —lejos de idealizaciones y romanticismos empalagosos— se parece mucho a un lugar seguro. El mundo ya es lo suficientemente complicado y hostil como para que el peligro también esté dentro de casa o al lado tuya. Saber que la persona que tienes al lado nunca va a utilizar tus debilidades para hacer reír a un grupo de gente, ni va a intentar quedar por encima de ti a costa de tu dignidad, aporta una tranquilidad que no tiene precio. El respeto se demuestra especialmente cuando las cosas no van bien y ahí es donde se mide la calidad humana de una relación.