El Real Madrid rozó la gesta en una final a la que acudió muy disminuido en la pintura, sin Tavares, sin Len y sin Garuba. Y aún así dio la cara, mandó en el marcador hasta el último cuarto y puso un nudo en la garganta de un Olympiacos que sufrió para hacer valer su favoritismo. Le faltaron puntos en las manos a los de Scariolo en el momento decisivo y el título se quedó en el Pireo pese a la actuación épica de los blancos. Seguir leyendo....