Marisol, la artista que pasó toda su vida huyendo

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Aclamada y menospreciada a partes iguales, no parecía encajar, ni sentirse cómoda en ningún sitio. En ningún movimiento artístico (la adscribieron al pop, al folk, al feminismo); en ningún lugar: ni en París, donde nació en 1930; ni en Caracas (su familia procedía de Venezuela), ni en Los Ángeles o en Nueva York, donde triunfó como artista y donde murió en 2016. Se pasó la vida autoexiliándose, huyendo, escapando de todo y de todos, quizás también de sí misma . La experiencia traumática del suicidio de su madre cuando ella solo tenía 11 años la marcó terriblemente. En cierta forma se sentía culpable. Decidió a partir de entonces no hablar, o al menos solo lo necesario. Formada en colegios católicos y academias de arte, tampoco tenía buena relación con su padre. De hecho, borró su apellido paterno (Escobar) y pasó a llamarse Marisol , a secas. Una mujer misteriosa, enigmática, esquiva, introvertida e inclasificable, que abordó el arte como un acto de rebeldía, evitando que la encasillaran. Ocupa un lugar ambiguo en la historia del arte. «Siempre fui un poco rara. Toda mi vida he querido ser diferente, no ser como nadie más», confesaba. El MoMA la incluyó en 1961 en una exposición y adquirió después una de sus obras. Leo Castelli la escogió en 1957 para una muestra colectiva y ese mismo año le dedicó una monográfica en su todopoderosa galería de Nueva York -expuso también en otras míticas galerías como Stable y Sidney Janis-, representó a Venezuela en la Bienal de Venecia de 1968, participó ese año en la Documenta IV de Kassel... Pese a todo ello, su figura, como la de otras muchas artistas, quedó borrada de un plumazo del canon . En los últimos años se ha ido recuperando. Entre 2023 y 2025 hubo exposiciones en importantes museos de Estados Unidos. Este año, las ha habido en el norte de Europa. Y el Centro Botín de Santander le dedica, hasta el 25 de octubre, la primera retrospectiva centrada en sus dibujos, con un centenar de obras: hay también grabados, fotografías, algunas esculturas, películas y material de archivo. Coproducida con el MAC/CCB-Museu de Arte Contemporâneo de Lisboa, adonde viajará después, ha contado con la colaboración del Buffalo AKG Art Museum, que gestiona el estate de Marisol. Legó a esta institución su archivo, sus obras, su biblioteca y hasta su apartamento. Se relacionó con Pollock, Frank Stella, De Kooning (cuentan que tuvo con éste un 'affaire')... Conoció a Andy Warhol en 1962. Ella era más célebre que él. Decía que era «la artista con más glamur que había conocido». No solo fueron buenos amigos, también colaboraron en varios proyectos. Marisol protagonizó algunas de sus películas: 'Bob Indiana', 'Stop Motion'... En 'Marisol Exhibition', que abre la exposición, ella aparece, casi inmóvil, junto a su escultura 'Women and Dog'. La artista, por su parte, se centró en Warhol en trabajos como la escultura 'Andy' o la instalación 'The Party', donde aparecen sus célebres vacas serigrafiadas. Coincidieron ambos en algunos temas, aunque con enfoques bien distintos: la Coca-Cola (Warhol se centró en el consumismo, Marisol en el imperialismo norteamericano) o los Kennedy (Warhol inmortalizó a una Jackie viuda, Marisol hacía una crítica del poder de esta familia). 'The Kennedy Family' fue portada de 'Time'. Recorremos la exposición con la comisaria, Laura Vallés, quien asegura que Marisol es « muy escurridiza . Huye de categorías estancas de la historia del arte. Hay mucho duelo en su obra . No quiso asumir cánones artísticos ni feministas, solo quería reconocimiento. Su trabajo aborda debates actuales como la salud mental, el feminismo, la descolonización...» Aunque Marisol recibió el reconocimiento como escultora (le gustaba trabajar con madera, que pintaba de vivos colores), el dibujo fue para ella un espacio de intimidad y de resistencia, « una práctica persistente, un refugio portátil », apunta Vallés. De gran colorido, los realizó en lápiz, bolígrafo o grafito. Aparecen perfiles, torsos, rostros, manos, dedos con uñas larguísimas (décadas antes de Rosalía)... «Mis dibujos son independientes de mis esculturas. Los concibo como otra forma de arte, más compleja, surrealista y personal. Cuando empecé, todo lo que intentaba dibujar recordaba a Picasso», decía la artista. Se incluye en la muestra un cuaderno de dibujos inédito. Culta, de familia acomodada burguesa, su belleza latina (la llamaban ' la Garbo latina' ) y su aparición en revistas como 'Vogue', 'Life', 'Harper's Bazaar' o 'Glamour', sus autorretratos en los que utilizaba su rostro y moldes del cuerpo, no ayudaron a tomarla en serio como artista. Se malentendió como una forma de narcisismo. Padeció el desprecio y los prejuicios de algunos críticos, que la repudiaron, tratando de ridiculizarla y cuestionando su seriedad como artista. A uno de ellos le envió una carta, en la que le decía: «Estoy harta de tus pésimas críticas, maldito imbécil ... Si llamas a mi obra arte popular es solo porque tienes prejuicios sobre mis orígenes sudamericanos, ¡folk!». Hablaba poco, pero no se mordía la lengua. También fue excluida por una parte del feminismo. Se ha dividido el recorrido de la exposición en tres desplazamientos que marcaron su biografía y su carrera como artista. El primero, tras su exposición en la galería Leo Castelli en 1957, cuando conoció el éxito. Pero puso tierra de por medio y en 1958 'huyó' durante dos años a Europa: París, Roma... «Me asusté tanto después de mi primera exposición que me fui a Europa y desaparecí», contaba la artista. El galerista le reprochaba en una carta: «¿Cómo te puedes ir cuando todo está por comenzar?» Frase que retoma el título de la muestra: 'Marisol: cuando todo está por comenzar'. El segundo desplazamiento tuvo lugar tras su presencia en la Bienal de Venecia en 1968. Participó en las protestas contra la guerra de Vietnam en Washington, el activismo indígena, los movimientos por los derechos civiles... Esta vez 'escapó' a Tailandia, La India y Polinesia . En los 70 colabora con Martha Graham y Louis Falco con escenografías y figurines. El tercer y último desplazamiento, metafórico, llegó con el alzhéimer . La enfermedad alteró su memoria, pero no impidió que siguiera dibujando en su casa de Tribeca. No hay una Marisol, hay muchas , una debajo de otra, como las matrioskas rusas. Su arte es 'esquizofrénico': esculturas que parecen tótems de indios nativos americanos (como 'Indian', en la que incorpora su propio rostro), esculturas de criaturas híbridas, cuerpos anfibios y películas en 8 mm tomadas durante sus inmersiones (aprendió a bucear en Tahití), dibujos eróticos y violentos, retratos de John Wayne, De Gaulle o Franco -hoy en paradero desconocido-, un monumento a Simón Bolívar en Caracas, dibujos y litografías con cuerpos fragmentados («son obras muy goyescas», dice la comisaria)... En una sala se oye su voz durante una entrevista. No hay rastro de su presencia en la Expo de Sevilla de 1992 . Parece que la delegación de nativos americanos invitó a artistas a entregar una obra a cambio de la bendición de un chamán. Marisol fue la única que aceptó. La mujer y la artista, tras la máscara . Gloria Steinem relató en un artículo publicado en la revista 'Glamour' una anécdota protagonizada por Marisol en The Club de Nueva York en 1961. Apareció con una máscara blanca. Le dijeron que se la quitara. Lo hizo. Estaba maquillada exactamente igual que la máscara. La exposición se cierra con un autorretrato de 1981, otra máscara, esta vez negra y con pelo. «No canta, no baila, no se la pierdan», reza una frase apócrifa sobre Lola Flores atribuida a una crítica en 'The New York Times'. «No es Pop, no es Op, es Marisol», escribió Grace Glueck en 'The New York Times Magazine' en 1965. No se la pierdan tampoco.