Si hay algo que le gusta a Donald Trump es poner su nombre a cosas. Como magnate inmobiliario, más que levantar rascacielos u hoteles, lo que hacía era licenciar su nombre con letras doradas en proyectos desarrollados por otros. Cuando las cosas no le iban muy bien, vendió con su apellido desde chuletones a títulos universitarios. En el segundo y último mandato, se esfuerza por dejar una huella física imborrable de una presidencia histórica y turbulenta. Será el p rimer presidente con su firma en billetes emitidos durante su cargo -y hay un proyecto para poner su rostro a otros- , el Departamento de Estado ha puesto su nombre al que era el Instituto de la Paz, cuelgan carteles gigantes... Ver Más