Con apenas 17 años, Natalia Rodríguez Ruiz ya ha conseguido convertir una pasión nacida frente al mar en un proyecto de divulgación ambiental con dimensión educativa y científica. La joven gaditana, embajadora del Pacto Climático Europeo, presenta Sin aletas no hay paraíso, un libro ilustrado con acuarelas que busca desmontar la imagen negativa de los tiburones y concienciar sobre la importancia que estas especies tienen para el equilibrio de los océanos.Su relación con el mar comenzó desde muy pequeña. Estudiante de acuicultura, apneísta, buceadora, socorrista y patrona de embarcaciones, Natalia explica que hubo un momento concreto que marcó definitivamente su vínculo con el océano. "Cuando era pequeña fui al Estrecho de Gibraltar y vi un cachalote. No sabía muy bien lo que era, pero sabía que era algo especial", recuerda. Aquel impacto visual y emocional terminó despertando una inquietud que con el tiempo se convirtió en compromiso ambiental y divulgación científica.La joven gaditana, posando en La Caleta.-JOSÉ MARIA REYNAEl origen de Sin aletas no hay paraíso nació, sin embargo, de una sensación muy distinta. La joven relata que descubrió el significado del finning —la práctica de cortar las aletas a los tiburones y devolverlos vivos al mar— y aquello le provocó un rechazo inmediato. "No me gustó nada lo que significaba. Me esperaba algo más bonito y quería hacer algo al respecto", asegura. A partir de ahí comenzó a investigar, leer y profundizar en la situación real de los tiburones y en las amenazas que sufren en diferentes partes del mundo.Natalia sostiene que buena parte de la sociedad continúa viendo a estos animales desde una perspectiva distorsionada por el cine y la cultura popular. "La película Tiburón hizo mucho daño", resume. De hecho, recuerda que el propio autor de la novela en la que se basó la famosa película terminó arrepintiéndose del impacto que tuvo sobre la percepción social de estas especies. "La gente no les tiene miedo como tal; le tiene miedo al desconocimiento", afirma. Según explica, cuando las personas conocen datos reales sobre ataques o comportamiento de los tiburones, la visión cambia considerablemente.El proyecto editorial combina ilustraciones en acuarela con textos divulgativos y fichas explicativas sobre distintas especies. Natalia explica que eligió esta técnica artística porque le parecía "muy estética" y especialmente adecuada para la divulgación científica. Para elaborar cada ilustración, parte de fotografías reales y estudia las características concretas de cada animal antes de dibujarlo y pintarlo. "Quería que se parecieran lo máximo posible a la realidad", explica sobre un proceso creativo en el que mezcla documentación científica y sensibilidad artística.Natalia es embajadora del Pacto Climático Europeo.-JOSÉ MARIA REYNAMás allá de las ilustraciones, el libro también incorpora información sobre hábitat, estado de conservación, amenazas o comportamiento de cada especie. Todo el contenido científico ha sido revisado por especialistas vinculados a la Universidad de Cádiz, entre ellos Remedios Cabrera Castro y Carlos Rodríguez. Además, Natalia destaca la influencia que ha tenido en ella la oceanógrafa Gádor Muntaner, referente internacional en el estudio de tiburones y una figura a la que asegura admirar desde pequeña.Uno de los mensajes centrales del proyecto gira en torno a la falta de información que existe sobre el consumo de tiburón. Natalia lamenta que muchas personas desconocen que determinadas especies comercializadas habitualmente corresponden realmente a tiburones. "Ponen cazón o mielga y mucha gente piensa que es otro pez cualquiera", señala. A su juicio, sigue existiendo una importante falta de transparencia en el etiquetado y considera necesario que el consumidor pueda saber con claridad qué está comprando y consumiendo.Una campaña de crowdfundingLa iniciativa se financiará mediante una campaña de crowdfunding cuyos beneficios se destinarán íntegramente a Oceana, organización internacional implicada en avances normativos contra el finning en Europa. Natalia considera que el proyecto no debe quedarse únicamente en la lectura del libro, sino convertirse también en una herramienta de acción y participación social. "No es solo leerlo; es hacer un cambio real", afirma.La joven gaditana quiere cambiar la percepción sobre los tiburones.-JOSÉ MARIA REYNAAdemás de Sin aletas no hay paraíso, la joven gaditana participa en otros proyectos vinculados a la conservación marina, como 132 decibelios, centrado en denunciar el impacto del ruido submarino provocado por el tráfico marítimo sobre los cetáceos en el Estrecho de Gibraltar. También forma parte del programa radiofónico Al otro lado del espejo, donde entrevista a científicos y expertos marinos. Desde sus redes sociales divulga de forma constante sobre biodiversidad, contaminación y cambio climático con un objetivo muy concreto: "Que la gente entienda que los tiburones no son nuestros enemigos; son nuestros aliados".