La Selectividad más dura con el 'copión': varias regiones usarán detectores de radiofrecuencia

Wait 5 sec.

Más de 300.000 estudiantes de Bachillerato están a punto de enfrentarse al examen que marcará su futuro académico. La temida Selectividad. El curso pasado, la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) trajo nuevos modelos de examen que, además, llegaron con varias semanas de retraso, cuando ya había comenzado el curso, generando el descontento de alumnos, profesores y familias de toda España. Este año, el Ministerio de Educación han continuado ajustando el modelo, pero el cambio no será tan abrupto como el que en teoría implicaba el año pasado. La idea es que cada vez sea mayor el peso de lo competencial (lo práctico) e ir reduciendo la optatividad. Sin embargo, como contó este diario el curso pasado, el bajón generalizado de notas se debió más a las faltas de ortografía que al examen 'para pensar', que no llegó a aplicarse del todo en la mayoría de regiones. Superada la novedad de los modelos de examen, el verdadero hándicap esta Selectividad, que se celebra en la mayoría de autonomías los 2,3 y 4 de junio, se lo encontrarán los malos estudiantes. Los 'copiones' se quieren eliminar en varias comunidades, que utilizarán durante los días de exámenes detectores de radiofrecuencia ante la evolución de la chuleta clásica, que ahora es imposible de detectar a simple vista y se transmite por pinganillo. En concreto, en los últimos años se ha detectado un aumento de los llamados nanopinganillos, auriculares casi invisibles ocultos dentro del oído, a través de los cuales el estudiante va recibiendo las respuestas que alguien le dicta desde fuera. La persona que está fuera del aula puede utilizar el teléfono móvil o microtransmisor inalámbrico y, dentro, el examinado lee las preguntas por medio de micrófonos ocultos en bolígrafos o dentro de la vestimenta. Pero los pinganillos no son los únicos recursos que asisten al 'copión' moderno, ya que también hay relojes y gafas inteligentes o, directamente, la inteligencia artificial. Son varias las universidades y comunidades autónomas que han decidido reforzar a los vigilantes de los exámenes para frenar el auge de las trampas tecnológicas. De momento, se sabe que Galicia (que fue pionera), Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía, Murcia, Cataluña, Aragón y Baleares incorporarán detectores de radiofrecuencia. Por su parte, Canarias ya ha dicho que evitará los detectores de inteligencia artificial, argumentando querer evitar una presión añadida para los estudiantes. En la mayoría de regiones que han decidido implantar estas medidas, se contemplan excepciones para los estudiantes que utilicen dispositivos médicos como medidores de glucosa o audífonos. Y el procedimiento es en todas las autonomías similar: en caso de detectarse el uso de estos dispositivos, el examen se retiraría de forma inmediata y, por tanto, la prueba quedaría suspendida. El problema, sin embargo, va mucho más allá de los dispositivos ocultos y las nuevas formas de copiar. La irrupción de la inteligencia artificial ha abierto además un debate más profundo en el ámbito universitario: si el modelo tradicional de evaluación sigue teniendo sentido en una época en la que cualquier estudiante puede generar textos, resolver ejercicios o responder preguntas en segundos. Muchos docentes reconocen que prohibir completamente la IA es imposible, una opción inviable. La mayoría asume que estas herramientas formarán parte del futuro profesional de los estudiantes y que el reto no es eliminarlas, sino adaptar los sistemas de evaluación. Por ello, las universidades están empezando a reforzar las defensas orales, las pruebas presenciales, la evaluación continua y los ejercicios prácticos vinculados a situaciones reales. El nuevo presidente de CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas), Julián Garde, apostó hace sólo unos días por «intensificar» las medidas de vigilancia en las pruebas de Selectividad, aunque precisó que el tema vinculado a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial «requiere un abordaje más transversal desde la universidad». Sobre el modelo de examen de Selectividad y si se va a trabajar para conseguir una prueba más homogénea, Garde ha reconocido que no sabe «si hay más margen» para conseguir homogeneizar más la PAU y ha defendido «buscar una solución objetiva».