Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias. Salmo 103:1-3 Señor nuestro Dios, oh Santísimo, te damos gracias porque podemos dejar a un lado nuestra propia naturaleza y ser elevados en espíritu por encima de todo lo temporal y humano, y tener alegría en ti. A pesar de toda la maldad que nos rodea, pese al inmenso sufrimiento de la humanidad, todavía podemos regocijarnos en ti, en todo lo que haces y en todo lo que todavía harás por nosotros. Concédenos seguir regocijándonos, compartiendo juntos la alegría, ayudando en vez de agobiar a los demás, hasta que este mundo se llene con el júbilo de aquellos que has bendecido tan espléndidamente. Perdona todos nuestros pecados. Sana nuestro cuerpo y mente. Libéranos de toda la corrupción que trata de dominar nuestras almas. Amén. Artículos recientes de Plough Esther Keiderling Las casas en donde desayuno Una mujer soltera del Bruderhof explica por qué va a un desayuno diferente cada día. Leer Sarah Killam Crosby Extraños dones del Espíritu ¿Qué pueden aprender otros cristianos del pentecostalismo? Leer