El FBI llama «extremismo antitech» a quienes protestan contra la IA: más de 1.000 páginas de informes internos lo revelan

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En los cuatro meses transcurridos desde que un hombre lanzó un cóctel Molotov contra la casa de Sam Altman en San Francisco —el 10 de abril de 2026— y el arresto de Daniel Moreno-Gama en la sede de OpenAI con incendiarios, un manifiesto y keroseno, el aparato de seguridad federal de Estados Unidos ha construido en silencio una categoría nueva. Su nombre: «extremismo violento antitech». Lo revela un análisis de más de 1.000 páginas de informes internos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el FBI y los centros de fusión de inteligencia —hubs donde colaboran agencias federales, estatales y locales— obtenido por Wired. Lo cubre Gizmodo este 26 de mayo.El término no existe en ningún informe DHS o FBI disponible públicamente sobre extremismo doméstico. Lo que existe, como documenta Wired, es un número creciente de documentos internos que conectan el rechazo social a la IA con posibles amenazas de terrorismo doméstico.Qué dicen exactamente los documentosEl informe del Buró de Inteligencia y Contraterrorismo de Nueva York es el que usa el lenguaje más explícito: «La atmósfera caótica que puede resultar de la tecnología de IA emergente en los próximos cinco años puede alimentar protestas a gran escala que deriven en disturbios civiles y actividad violenta extremista antitech, especialmente en grandes áreas urbanas como la ciudad de Nueva York.»Un informe del Northern Virginia Regional Intelligence Center advierte sobre los AGAAVEs —extremistas violentos antigubernamentales y antiautoritarios— cuya radicalización estaría siendo influida por agravios relacionados con la IA. Los mismos documentos mencionan el caso de Ziz Laota, un racionalista extremo que supuestamente lideró un pequeño grupo de tipo sectario, tres miembros del cual han sido acusados de asesinato vinculado a una ideología obsesiva sobre el riesgo existencial de la IA. Este caso, según los analistas del Buró de Nueva York, ejemplifica otro tipo de amenaza: el del extremismo motivado por el miedo al fin del mundo provocado por la IA, no por el rechazo a ella.El telón de fondo político importa. La administración Trump firmó en diciembre de 2025 una orden ejecutiva que limita las regulaciones estatales sobre IA en nombre de la seguridad nacional y económica. En mayo de 2026, el presidente abandonó la firma de una orden que habría añadido salvaguardas adicionales. El Memorándum de Seguridad Nacional Presidencial número 7 instruye al Departamento de Justicia a perseguir a quienes tengan puntos de vista «antiamericanos» o «anticristianos». Esa base legal ya en marcha es el suelo sobre el que se levanta la nueva categoría de extremismo.Por qué la etiqueta importa más que el número de casosHay una diferencia entre un individuo que comete un acto de violencia por motivaciones antitech y la formalización institucional de «extremismo violento antitech» como categoría de inteligencia. La primera es un crimen. La segunda es una designación con consecuencias de política pública: significa que los recursos de contraterrorismo —vigilancia, intercambio de inteligencia, informes a agencias federales— se dirigirán explícitamente hacia personas y actividades catalogadas en esa categoría.Los críticos señalan que la categoría tal como se describe en los documentos es peligrosamente amplia. Agrupa bajo el mismo paraguas ideologías muy diferentes: desde militantes antitech que rechazan la tecnología moderna por principio (tecnofobia), hasta trabajadores que protestan contra la automatización de sus empleos, pasando por activistas de privacidad digital y manifestantes frente a centros de datos. Ninguna de esas actividades es en sí misma violenta.Los debates sobre ética y regulación de la IA llevan años poniendo sobre la mesa la pregunta de dónde están los límites de la IA y quién los define. El choque entre Anthropic y el Pentágono por el uso de Claude mostró que incluso dentro de las propias empresas de IA hay tensión sobre qué usos son aceptables. Tratar la disidencia ante la IA como una potencial amenaza terrorista añade una dimensión radicalmente diferente a ese debate.El vínculo con el impacto de la IA en el empleo tampoco es gratuito: el desplazamiento laboral es la causa del rechazo social más extendida y más legítima. Etiquetar como extremista potencial a quien protesta activamente contra ese desplazamiento cambia la naturaleza de la conversación.Mi valoraciónLlevo años cubriendo tecnología y politica digital, y lo que estos documentos revelan me resulta significativo precisamente porque es previsible. Después de años de ataques contra ejecutivos tecnológicos —no solo Sam Altman, también hay protestas crecientes contra centros de datos en varias ciudades—, era cuestión de tiempo que el aparato de seguridad respondiera con una categorización formal.Lo que más me preocupa es la elasticidad de la categoría. «Extremismo violento antitech» puede definirse de forma estrecha —personas que cometen o planean actos violentos motivados por el rechazo a la tecnología— o de forma amplia —personas que expresan oposición activa al despliegue de la IA—. La diferencia es enorme. La primera categoría agrupa delincuentes; la segunda puede incluir a periodistas, investigadores, trabajadores en huelga y activistas de derechos civiles.Lo que más me convence del análisis de fondo es que la violencia real existe y no es trivial. El ataque a la casa de Sam Altman era un acto de terrorismo potencial. Pretender que no hay un riesgo físico emergente para los ejecutivos tecnológicos sería ignorar los hechos. El problema no es que el FBI monitorice a quienes planean actos violentos; el problema es que la categoría se use para justificar la vigilancia de formas de disidencia que no son violentas.Preguntas frecuentes¿Qué es un «centro de fusión» y qué papel juega en esta historia?Los centros de fusión son hubs de intercambio de inteligencia donde colaboran agencias federales (DHS, FBI), estatales y locales. Fueron creados tras el 11-S para mejorar el intercambio de información sobre amenazas. En este caso, los centros de fusión son los que han producido buena parte de los informes internos que categorizan el extremismo antitech, lo que significa que la categoría no es solo federal sino que se está extendiendo a las fuerzas de seguridad locales de todo el país.¿Qué motivó el ataque a Sam Altman?Daniel Moreno-Gama fue arrestado el 10 de abril de 2026 en la sede de OpenAI en San Francisco con dispositivos incendiarios, un bidón de keroseno y un manifiesto contra los ejecutivos de IA. Según fuentes próximas a la investigación citadas por Fox News, el sospechoso viajó desde Texas con la intención de atacar la vivienda de Altman. La fiscal del caso dijo explícitamente que «en ningún caso deberíamos estar en el punto en que un hombre pueda perder la vida por diferencias de opinión.»¿Es legal protestar contra la IA en EE.UU.?Sí, completamente. La libertad de expresión y de reunión protegen las protestas pacíficas contra cualquier tecnología, empresa o política. Lo que preocupa a los críticos de los documentos revelados por Wired es que la formalización de una categoría de «extremismo antitech» podría usarse para justificar vigilancia de actividades plenamente legales bajo el paraguas de la prevención del terrorismo.La noticia El FBI llama «extremismo antitech» a quienes protestan contra la IA: más de 1.000 páginas de informes internos lo revelan fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.