"Cuando las raíces del árbol son profundas, no tiene por qué temer al viento", cuenta un proverbio africano.La naturaleza nos enseña que la raíz de la alfalfa puede llegar a diez metros de profundidad. Alfredo está convencido de que en nuestra alimentación histórica la bellota ha jugado un papel fundamental y que el cereal ha ido cambiando hábitos, haciéndonos más vulnerables ante la climatología extrema. Panes, dulces y harinas de bellotas dulces, 100% sin gluten y aptas para celíacos, grandes superalimentos rescatados del olvido.Antonio gusta de las malvas, sus grandes hojas forman una verde cubierta vegetal protectora entre sus naranjos ecológicos, llenos de biodiversidad, y con su manejo de siega selectiva, permite galerías profundas que introducen el agua de lluvia hacia horizontes más reservorios de fertilidad y agua.El flamenco, identidad cultural de nuestra tierra, tiene un cartel muy simbólico de la anatomía de un árbol donde se encuentran todos los palos, donde aprender sus orígenes, como la saeta, y complementarias evoluciones. No puede haber desarrollo rural si no va acompañada de cultura, poesía incluida.Gustamos de los grandes parasoles naturales de pinos piñoneros en parques urbanos, si bien los riegos de parterres hacen que su débil sistema radical no sea capaz de anclar suficientemente frente al fuerte viento. Caídas aparatosas se previenen, con estructuras externas formando un exoesqueleto resistente, si no queremos renunciar a su presencia.El potente suelo vivo es nuestro gran patrimonio a cuidar y mejorar, para establecer raíces profundas, como nuestra existencia en esta tierra que nos acoge o nos vio nacer en paz.