La expansión romana dejó huellas visibles en caminos, ciudades y fortalezas. Pero un nuevo estudio revela otra marca mucho más silenciosa: la destrucción sistemática de bosques vírgenes al norte de los Alpes. Analizando más de 20.000 restos de madera, los investigadores descubrieron que Roma llevó la explotación forestal hasta un límite nunca visto… justo antes del colapso imperial.