Juan Carlos Aragón: 'losing my religion'

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“Estoy harto“, parece la traducción más adecuada de esta expresión de los estados del sur estadounidenses, tan dogmáticos para algunas de sus cosas. Ayer, por cierto, pasaron por arte.tv el peliculón “Mississippi Burning, la raíz del odio”. Se diría que entre mi memoria y el contexto social y político se interconectaban las neuronas gracias a las artes, tan despreciadas por la ortodoxia dogmática, para hacerme posible saber qué me ocurre, a la manera de cómo se lo decía Michael Stipe, de R.E.M., con su canción. O sea, con una actitud estoica de indiferencia contra la romantización de todo, o de tantas cosas, sobre todo las importantes.Cadi, que es ‘tan chico’ y solo ahora se cae todo el mundo del guindo de lo de Juan Carlos Aragón, condenado en firme por el maltrato contra Paqui. Ahora que, ya muerto, le iban a hacer un homenaje al condenado por maltrato, ahora que tanta gente parece lo que sabía y lo ocultaba. Que a pesar de que lo sabían tuvo que presentarse la víctima con las copias de la sentencia para que tanta gente hiciera como que se caía del guindo. Claro que somos algunas personas las que nada sabíamos sobre este asunto; esto también.cádizLuisa Tejonero, viuda de Juan Carlos Aragón, pide proteger a su hijo: "Él, lamentablemente, se ha enterado de todo" J. P. LozanoLa expresión losing my religion, que en la canción de R.E.M. no tiene una conexión directa con ese dogmatismo doctrinario religioso, creo que viene totalmente al caso. Ese estar harto puede tener que ver, en la historia de esa expresión popular, con el deseo de salirse de una religión en la que su dios no está a la altura para solucionar lo que debe, aunque R.E.M. no lo tomara, el desencanto del desamor que andaba expresando Michael Stipe, de tal forma que se iban a borrar de no sé qué religión o abjurar de no sé qué dios. Es muy interesante ver que se usa, en esta canción, una expresión que voy a definir como atávica para expresar el malestar del amor no correspondido, un estado de ánimo parecería que también atávico, aunque tampoco no lo sea. El desamor como estado de ánimo nació, seguramente, con el barroco, que es justo el tiempo del dogmatismo ortodoxo, la contrarreforma y la moral sexual de la iglesia católica: el crisol en el que se fabricó lo peor de lo peor. El fundamento con el que los maltratos contra las mujeres se justificaban, se literaturizaban en chabacano y en fino y se romantizaban populachera y elitistamente.Ahora, en Cadi, se corre a los mentideros a escuchar qué se dice, y a combatirlo como se pueda, en la Plaza de la Cruz de la Verdad, que es como se llama la, por todøs conocida, Plaza del Mentidero. Ahora se quiere discutir si se debe separar al autor de su obra, ‘que si yo lo conocí como autor y no como persona’, ‘que yo no sabía nada de su vida personal y el problema lo sabrán los dos que estaban en el lío’. Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras, le dijo Alfonso VI al Cid, y luego fueron veredes y se las dijo don Quijote a Sancho, aunque no se las dijera nunca.Antes que disolver la religión, que negar a su dios, hierven los mentideros y en algunos se busca la manera de ver como la estrella se convierte en losa de silencio: que si la estrella y el homenaje es por su obra, la de Juan Carlos Aragón, y no por sus hechos. Aunque sobre lo que menos atención venimos poniendo es sobre la frase del Ayuntamiento de Cádiz para justificar que se suspende, hasta nuevo aviso, el homenaje: “sobre un asunto acaecido en el entorno familiar”.No creo que ninguna ceguera dogmática deba impedir que alguien condenado justamente, por cualquier cosa, pueda rehacer su relación sana consigo mismo y con la sociedad. Dicho esto: el delito de maltrato no es un asunto familiar ni acaece en el ámbito familiar, es un asunto público y ocurre en el seno de la sociedad, razón por la cual es el Código Penal el que acude a restablecer el orden en lo destruido, o debe hacerlo. Que la derecha deudora del dogmatismo ortodoxo católico crea que los malos tratos contra las mujeres son un asunto doméstico, y lo exprese (violencia doméstica, violencia intrafamiliar, etc.), no significa que lo sean. Los malos tratos son un acto público.