Cuando se destapa un caso de corrupción, siempre se pretende disponer desde el primer momento de todas las pruebas que conducirán a la condena o absolución del imputado, como si la instrucción ya hubiera terminado y se estuviera en la fase de juicio oral. Y cuando el principal investigado es nada menos que un expresidente del Gobierno, el primero en España en verse en estas circunstancias, la búsqueda de los indicios que apuntalan su imputación adquiere un interés especial. Seguir leyendo....