Choque cultural en el 'Ocho apellidos vascos' de 'First Dates': «El País Vasco es una ciudad…»

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El restaurante de 'First Dates' se vistió de tradición dedicando la noche del lunes 25 de mayo a un especial folklore del amor. Los aragoneses Gloria y José regresaron al programa ataviados como auténticos mañicos y dispuestos a dar un paso más en su relación en el lugar donde se conocieron. También festejaron la riqueza de la cultura española comensales catalanes, canarios, valencianas, y una pareja que puso a prueba los tópicos: la formada por un vasco y una andaluza. Como en su día la película española más taquillera de la historia, Markel (21) y Daniela (18) se marcaron la secuela de 'Ocho apellidos vascos'. Markel llegaba al 'dating show' procedente de Bilbao, txapela incluida, en busca de una pareja maja que le robara el corazón. «No pido gran cosa», aseguró. Justo antes de conocer a la chica que le rompería los esquemas, el monitor de tenis, pádel y pelotari dedicaba los minutos de su presentación a departir con su paisano Carlos Sobera sobre la pelota vasca e incluso se animaba a bailar un aurresku. Las raíces de Markel eran clara y puramente de Euskadi, si bien su corazón apuntó hacia Granada tan pronto como Daniela apareció por la puerta del establecimiento. «No me hubiera importado cenar con una vasca», declaró en los totales, pero su cita le pareció espectacular. La auxiliar de vuelo, sin embargo, no manifestó tanto entusiasmo al exponer la primera impresión sobre su acompañante. Físicamente no le parecía su tipo. Pero la velada acababa de comenzar, y al igual que Rafa conquistó a Amaia en la archipopular película de Emilio Martínez-Lázaro a base de pico y pala, Markel con su simpatía y sentido del humor consiguió que su cita le diera una oportunidad. Daniela le regaló a Markel un detalle de su ciudad, un imán para la nevera de cerámica que al soltero le pareció el mejor presente del mundo. Él también quería tener un gesto con ella y se comprometió en una potencial próxima cita a obsequiarla con una camiseta del Atleti. Más allá de los estereotipos, la pareja congenió a las mil maravillas tanto en los puntos que encontraron en común como en las diferencias. Ninguno había visitado nunca la tierra del otro, lo cual el soltero atisbó como una oportunidad excepcional para planear un segundo encuentro con ella. El bilbaíno fantaseó con que Daniela ejerciera de guía turística por Granada para él. La andaluza, por su parte, reconoció que no estaba muy puesta en la idiosincrasia de Euskadi. Tampoco en la geografía española, tal como dejó ver cuando alegremente afirmó a cámara que «el País Vasco es una ciudad que me encantaría visitar en un futuro». La velada finalizaba en el reservado del restaurante con una clase de bailes regionales. Markel ponía todo su empeño en aprender algunas nociones de sevillanas, mientras que Daniela intentaba sus primeros pinitos con el aurresku. Tan bien se lo pasó en su cita con el vasco, que en la decisión final aceptó darle una segunda oportunidad a pesar de que no sentía mariposas al mirarlo. Markel cumplía con las tres cualidades que considera indispensables en su pareja ideal: inteligente, divertido y respetuoso. «Es un chico 10», concluyó.