En la tienda-laboratorio de Saigu en Travessera de Gràcia, 185, el maquillaje no aparece terminado y silencioso en una estantería. Antes pasa por pruebas, tonos que se afinan, texturas que se corrigen y fórmulas que entran en estufas para comprobar si resisten frío, calor y tiempo. Al otro lado del cristal, una clienta prueba una base y otra pregunta por un labial. Dentro se cocina lo que quizá llevará dentro de un año.Seguir leyendo....