La autoridad moral de León XIV

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En un mundo que está siendo devastado por un puñado de tiranos, en palabras de León XIV, su mensaje papal adquiere una dimensión colosal. Lo ha puesto de manifiesto en su reciente viaje apostólico a África, que deja de ser un campo misionero para proveer de energía espiritual a toda la Iglesia. No ha sido una elección al azar la de un continente vibrante cristianamente, germen de la fe global. Turquía, Mónaco y España han dispensado y dispensarán otro tono, un carácter diferente que abrazará, no obstante, la misma valentía con la que hacer frente al abismo al que nos someten los déspotas. No sé a ustedes, pero a mí León XIV me ha despertado del letargo al que me tenía sometido. Era inevitable el cambio tras el vértigo inquietante del Papa Bergoglio. Aun con otro estilo, León XIV se adentra del mismo modo en la denuncia de la arbitrariedad. Su perfil, más pausado y tal vez más intelectual, subraya su autoridad moral. La Iglesia no puede permanecer impasible ante la opresión y la injusticia. Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Vladímir Putin, y León XIV representan caminos contrapuestos a la hora de abordar las crisis: la imposición por la fuerza, el unilateralismo, la desmesura, la barbarie, el egoísmo y la ausencia de límites, frente a la apuesta de poner a la persona en el núcleo de la vida; el empeño por construir la unidad mediante el encuentro, el diálogo y la renuncia radical a la violencia. No sé a ustedes, pero a mí se me antoja que la respuesta ciudadana a las grandes crisis que atravesamos no será un 'más de lo mismo'. La reacción a los tremendos cambios a los que estamos sometidos no será plana. Quién sabe si la introspección y la espiritualidad serán pronto refugio de creyentes y no creyentes, que encontramos en la cercanía del Papa León XIV un mensaje amable que nos conforta, que nos orienta y nos impulsa. Ni personal ni colectivamente estamos en disposición de hacer frente a la impostura de los tiranos. De ahí a eludir la denuncia de la brutalidad hay un largo trecho. De nuestra debilidad al cuidado de nuestro compromiso por la paz, el tramo habría de ser vertiginoso. Enrique López de Turíso. Vitoria (Álava) El nombramiento reciente de Marie-Louise Eta como entrenadora del Union Berlín, equipo de la máxima categoría del fútbol alemán, pone sobre la mesa que las mujeres todavía deben abrirse camino en espacios donde deberían tener las mismas oportunidades. Eta, campeona de Europa tanto con su club como con la selección, alcanza este puesto después de construir una carrera ejemplar y llena de méritos. Sin embargo, su llegada también evidencia la escasa presencia de mujeres en los banquillos, incluso dentro del propio fútbol femenino, donde son una minoría. ¿Por qué sigue resultando tan raro ver a mujeres ocupando estos cargos? Si el fútbol presume constantemente de valorar el esfuerzo y la capacidad, entonces ha llegado el momento de que esa supuesta meritocracia se convierta realmente en una práctica y no solo en un discurso vacío. María Pradales. Cuenca