La Bodeguilla es una institución en el barrio de Ciudad Jardín todo el año y en Feria es testigo de cómo a todo el mundo le gusta celebrar este tiempo antes o después de pasar por El Arenal, o tras los festejos taurinos en el vecino Coso de los Califas. Estos días ve crecer su clientela habitual con personas llegadas de otros pueblos y ciudades, que lo que más demandan es la gamba (en salsa rosa, cocida o a la plancha), el langostino tigre, el salpicón, «el mejor de Córdoba porque está hecho con mucho cariño y está buenísimo. ¿Más mariscos? Todos: nécoras, cigalas, percebes», adelanta José Pérez Lacalle, su gerente y propietario. En el cocedero situado enfrente de la taberna en la calle Maestro Priego López lo cuecen y lo venden directamente al público. Ahora está en proceso de ofrecer cualquier tipo de comida para llevar , como raciones de ensaladilla rusa y mazamorra, guisos, estofados para calentar y tomar porque cada vez se tiene menos tiempo de guisar en los hogares pero el gusto por comer bien no decae, y cola pelada para hacer en casa las propias elaboraciones. Preguntado sobre la clave de la cocción del marisco, explica que «el secreto lo tiene mi padre después de tantos años y él tiene un ojo clínico para eso espectacular, ya con la vista dice cuándo está o cuánto le falta». En la taberna, que abrirá de manera especial el domingo 24 de mayo por la noche, se acaba de renovar la carta para dar cabida a novedades como el risotto de secreto ibérico, y el pan bao con rabo de toro desmigado. Semanalmente, la primera página de la carta varía en función de los mejores productos que entran: pulpo, rabo de toro deshuesado, salmón a la plancha, todos sanos y tradicionales: «Nos enfocamos mucho en el producto de calidad, como las pijotitas fritas, que ahora en Feria se venden muchísimo. Las berenjenas fritas se venden por kilos, no hace falta ni ofrecerlas». De carne, el lomo bajo de vaca madurado de 30 días», indica. Al tener tanto espacio no falta la barra y las tapas que en esta zona se pueden tomar van desde el queso de oveja y el salpicón de marisco hasta la ensaladilla rusa, las gambas, patatas bravas, alcachofas a la montillana, pisto con huevo, pincho moruno (a tres euros la unidad), salmorejo con jamón, pisto, boquerón frito al limón, berenjenas con miel, bocata de calamares, pepito de pluma, flamenquín, mazamorra de almendra y serranito con pimiento. Está opción cada vez cautiva a más personas, que optan por comer a base de tapas variadas. El vino es un reclamo por sí solo: el de la casa procede desde hace tres décadas de una bodega familiar, Lara, de Navas de Selpillar (Lucena). En la primavera el fino sabe exquisito, es éste el que más se vende, no defrauda. También se apoyan en otro tipo de vinos, como el Gran Barquero y el Fino Cebolla. Los amantes de culminar con un postre deben saber que todos son de elaboración casera. Pueden elegir entre el coulant de chocolate con helado de vainilla, el brownie con sopa de natillas, el arroz con leche, el tiramisú tradicional, y la tarta de queso, que es sin gluten. José Pérez Lacalle recuerda que su abuelo llegó de Montilla a Córdoba con la intención de montar solamente un despacho de vinos porque «antiguamente se vendía mucho vino para fuera y poquito a poco fue metiendo más tapas, embutidos y aceitunas, cosas que se hacían en Montilla. Como mi abuelo era una persona muy agradable, la gente iba a tomar vinos con él y se fue haciendo una taberna. Él por desgracia estuvo muy poquito tiempo en el bar porque falleció muy pronto. Y mi padre, que estaba trabajando en Las Camachas, se vino para acá y empezó poquito a poco, como él sabía, metiendo el marisco, el pescado, las tapitas, las anchoas (que es un referente nuestro), las gambas. A raíz de ahí hemos crecido bastante». La zona que tiene los barriles es la originaria, la de 1970. En 1982 se abrió la de la puerta de al lado, por iniciativa de su tío Manolo y su esposa, y luego la regentaron sus hijos. Muy reciente queda la incorporación de más metros cuadrados con la ampliación anexa con la misma carta y una decoración renovada. Su techo acústico absorbe el ruido y da más confort, y el lugar gusta por igual porque está concebido como restaurante también con barra. Esta versatilidad de espacios le permite ir dando cabida además a celebraciones y eventos, como bautizos y comuniones.