El Papa ha firmado este viernes seis decretos sobre causas de beatificación, entre ellos el que reconoce el martirio de ochenta españoles asesinados por odio a la fe durante la guerra civil en Santander, y el de la religiosa Ana Alberdi Echezarreta, fallecida en Madrid en 1998 y abadesa del monasterio «La Latina» de la capital. El decreto del martirio se refiere a un grupo muy numeroso. Como es habitual, la Santa Sede reúne a grupos de mártires de la misma diócesis asesinados en el mismo periodo aunque no se conocieran entre ellos, y lo encabeza por uno de ellos al que destaca especialmente. En este caso se trata de Francisco González de Córdova. Éste nació Viérnoles (Cantabria) en 1888. Cuando estalló la persecución religiosa en los años 30 tuvo la oportunidad de escapar, pero decidió no abandonar a las personas que atendía en una parroquia de Santoña. «Le prohibieron decir misa, tocar las campanas, celebrar bautismos o visitar enfermos sin permiso del alcalde; le incautaron las llaves con los libros parroquiales y la iglesia fue convertida en almacén de explosivos», dice su biografía. Cuando lo arrestaron, lo encerraron en la bodega del barco «Alfonso Pérez», atracado en Santander y convertido en prisión pues no había sitio ni en las cárceles ni en las checas. Allí el sacerdote atendió espiritualmente a los demás detenidos. «El 27 de diciembre de 1936, al ser llamado para la ejecución, pidió ser el último para confesar y bendecir a sus compañeros», añade su biografía. Tenía 48 años. De los otros 79 mártires españoles de este mismo grupo, 67 eran sacerdotes diocesanos de Santander; tres eran religiosos carmelitas; tres, seminaristas; y siete, laicos, entre ellos un juez y un maestro. El proceso para reunir información que demostrase su martirio fue iniciado en julio de 1996. El material llegó a Roma en mayo de 2020, y desde entonces ha esperado pacientemente su turno hasta que el Dicasterio para las Causas de los Santos lo ha podido abordar. Tras revisarlo y comprobar que reúnen las condiciones para poder ser considerados mártires, este viernes, el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio, ha solicitado al Papa que aprobase oficialmente el martirio. «Demos gracias a Dios por la vida y el testimonio de nuestros mártires. Pidamos su intercesión por nuestra querida Diócesis de Santander, para que seamos una verdadera familia y podamos dar abundantes frutos de amor y de esperanza», ha dicho Arturo Ros, obispo de Santander, tras conocer la noticia. En la década de los sesenta, el Papa Pablo VI decidió, de acuerdo con los obispos españoles, suspender provisionalmente los procesos de beatificación de mártires españoles de este periodo, para que no fueran instrumentalizados por el régimen de Franco. Fueron retomados años más tarde, en torno a 1983, justo después del primer viaje de Juan Pablo II a España, y cuando ya había culminado la Transición. Desde 1987, ya han sido beatificados 2.254 mártires asesinados durante la persecución religiosa de la guerra civil española. Otros once fueron posteriormente canonizados, y por lo tanto propuestos para la devoción universal y no sólo local. Entre los canonizados están Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana fusilado en Madrid en 1936, o el religioso de La Salle, Jaime Hilari Barbal i Cosán, fusilado en Tarragona en 1937. Por otro lado, el Papa ha firmado este viernes el decreto que reconoce que Sor Ana Alberdi (1912-1998) vivió «heroicamente» las virtudes cristianas. Nació en 1912 en Azcoitia (Guipúzcoa), y después de trabajar cinco años en una fábrica, muy joven, a los 19 años, entró en el Monasterio de la Concepción Francisca de Madrid, en el barrio de La Latina, en Madrid. Fue su abadesa desde 1953 hasta 1990, excepto entre 1984 y 1987. Falleció hace menos de 30 años, y por eso aún viven muchas personas que la conocieron. El reconocimiento de la «heroicidad de las virtudes» es un paso necesario para la futura beatificación de la religiosa española. El siguiente es presentar un milagro realizado por su intercesión, que de alguna forma atestigüe su santidad. Precisamente, entre los otros decretos que el Papa León XIV ha firmado este viernes, está el reconocimiento de un «milagro atribuido a la intercesión de Elías Hoyek (1843-1931), Patriarca de Antioquía de los Maronitas». Significa que este libanés será beatificado en los próximos meses. El Papa también ha reconocido las «virtudes heroicas» del sacerdote salesiano Costantino Vendrame (1893-1957), nacido en Italia y misionero en India; del capuchino Nazareno da Pula (1911-1992), que se hizo franciscano tras regresar de la II Guerra Mundial; y del carmelita descalzo Jean-Thierry Ebogo (1982-2006), nacido en Camerún y fallecido en Italia, tras afrontar con gran serenidad una durísima enfermedad.