Platón: «La apariencia tiene más fuerza que la verdad y es árbitro de la felicidad»

Wait 5 sec.

La historia de la humanidad ha avanzado sin pausa gracias a la iniciativa de algunos hombres con inquietudes. Así surgieron la alfarería, la maquinaria agrícola o la conexión wifi, por nombrar algunos ejemplos de la inmensa lista de hitos de nuestra especie. De forma paralela, el pensamiento también ha avanzado gracias a personas inconformistas. Platón fue uno de estos hombres que se preguntaron por las realidades abstractas de nuestra vida. La verdad, la felicidad, la virtud, las pariencias y un sinfín de conceptos encontraron un nuevo significado en palabras de este filósofo griego. Hoy recurrimos a sus enseñanzas sobre esos mismos términos. Tantos siglos después -recordemos que vivió entre 427 a. C. y 347 a. C. - sus palabras pueden iluminarnos acerca de la importancia de las imágenes como espejos traicioneros de la realidad. «La apariencia tiene más fuerza que la verdad y es árbitro de la felicidad». Así lo escribió el pensador en el siglo IV a. C. en su famosa obra 'La República', específicamente en el Libro II, VIII. Allí, habla con su hermano mayor, Adimanto, sobre el poder que soportan las apariencias, aun en su posible falsedad con respecto a la realidad. Toma las palabras del poeta Píndaro -nacido hacia el 518 a. C.- para retratar a la sociedad helena. Platón, a través de esta reflexión, nos advierte sobre el poder engañoso de las apariencias en la vida humana. Cuando dice que «la apariencia tiene más fuerza que la verdad », señala que, en la práctica cotidiana, las personas suelen dejarse llevar más por lo que parece ser que por lo que realmente es. La percepción superficial, la opinión pública o la imagen que proyectamos ante los demás suelen tener un impacto más inmediato y contundente que la verdad objetiva, que a menudo requiere esfuerzo, profundidad y tiempo para ser comprendida. Eso sucedía igual en el siglo IV a. C. y en la actual era de las redes sociales. Además, al añadir que la apariencia es «árbitro de la felicidad », sugiere que nuestra sensación de bienestar y realización personal depende en gran medida de cómo somos vistos y juzgados por el mundo exterior. Muchas personas basan su felicidad en el reconocimiento, el prestigio o la aprobación social, es decir, en aquello que aparentan ser, aunque eso no coincida con su verdad interior. Así, el filósofo nos invita a cuestionar si realmente estamos viviendo conforme a la verdad de nuestro ser o si, por el contrario, estamos sacrificando nuestra autenticidad en busca de una felicidad ilusoria basada en meras apariencias. La cita completa se encuentra así en 'La República': «A mí, que soy justo, se me dice que no tengo ninguna utilidad, si no lo parezco también, pero sí penas y castigos, con toda seguridad; pero se me dice que si, siendo injusto, reconcilio eso con la reputación de hombre honesto, se me augura una vida semejante a la de los dioses. Por lo tanto, ya que la apariencia, como me lo dan a entender los sabios, tiene más fuerza que la verdad y es árbitro de la felicidad, sobre ella debo volcarme por entero; tengo que trazar alrededor de mí una fachada y un ornato, una imagen de la virtud y extender a mis espaldas la astuta y sagaz zorra del más sabio».