El edificio del Ministerio de Hacienda, del siglo XVIII, es de esos que arruga al que lo pisa. En las paredes de la antigua Real Casa de la Aduana cuelgan grandes cuadros de reyes y nobles. Todo muy sobrio. Por no decir pesado. Tanto que un alcalde que llegaba para pedir fondos, al poco quería irse porque le imponía la sensación de que el que debía de pagar era él. Durante la entrevista suenan los relojes históricos de distintas salas y también los pitidos y gritos de una protesta sindical de empleados de la sanidad. La vida misma, hoy.Seguir leyendo....