Pacientes hospitalizados con el alta porque no tienen adónde ir: una 'epidemia' silenciosa que va a más

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Hay un ala de la primera planta del Hospital de San Juan Grande de Jerez a la que llaman internamente la Unidad 4. En ella, hay en torno a una docena de habitaciones destinadas a pacientes que tienen el alta hospitalaria, pero que siguen en el centro hospitalario porque no tienen adonde ir. O no tienen quien los cuide. Así de duro, así de directo, así de crudo. Son los llamados pacientes sociosanitarios, que permanecen ingresados en hospitales del Servicio Andaluz de Salud (SAS) una vez resuelta su patología clínica, únicamente por causas sociales: soledad, falta de apoyo familiar, sinhogarismo o exclusión social. En este caso, el SAS los deriva a un hospital concertado, para liberar camas en los públicos.En enero de 2023 —últimos datos disponibles— se contabilizaban 108 personas en esta situación, el 70% de ellos eran hombres, con deterioro cognitivo como comorbilidad más frecuente, según recoge la I Estrategia Andaluza para la Coordinación Sociosanitaria 2024-2027, aunque tan solo en San Juan Grande hay en estos momentos cerca de una veintena, por lo que es previsible que esa cifra haya aumentado. Durante todo el año 2022, se produjeron en Andalucía 33.723 reingresos no programados en menos de 30 días tras el alta —el 6,4% de todas las altas hospitalarias—. El porcentaje sube al 11% en personas de 75 a 79 años. Muchos de estos reingresos se producen por ausencia de recursos sociosanitarios alternativos.María del Carmen Galán padece el síndrome de Guillain-Barré. -JUAN CARLOS TOROEsta estrategia del SAS contemplaba la elaboración de una ley o decreto específico para regular la atención sociosanitaria, con una inversión de 26,5 millones entre 2024 y 2027 para llevar a cabo las acciones que incluye, como la creación de unidades y centros de cuidados intermedios, que ahora no existen. Mientras, en la Unidad 4 del Hospital de San Juan Grande de Jerez seguirán recibiendo pacientes derivados del Hospital de Jerez, una vez reciben el alta, para estar provisionalmente acogidos hasta que se les encuentra algún recurso. Llámese residencia de mayores, albergue, vivienda en alquiler, un familiar que se haga cargo… Las opciones dependen de las particularidades de cada caso. María del Carmen tiene una enfermedad rara que la dejó inmóvil En una de estas habitaciones permanece ingresada María del Carmen Galán, una jerezana de 50 años que hace año y medio que se levantó una mañana sin poder mover las piernas. “Me costaba dar un paso. Pensé que sería cansancio, que me había atacado a las piernas”, dice.Pero era algo mucho más grave. Porque María del Carmen, que trabajaba como limpiadora en el Hospital de Jerez, tuvo que ser ingresada de urgencia en el centro hospitalario que tantas veces había limpiado. A las pocas horas, la subieron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde estuvo siete meses, algunos de ellos, incluso, en coma. Unos días después de llegar, le puso nombre a sus problemas de salud: síndrome de Guillain-Barré. Es una enfermedad rara, cuya causa se desconoce, que padece una de cada 100.000 personas, y que afecta al sistema inmunitario. Puede causar debilidad, entumecimiento o parálisis.María del Carmen muestra hasta dódne puede mover el brazo.-JUAN CARLOS TORO“Empezó por las piernas y fue subiendo hacia arriba. En pocos días, ya no pude moverme. Tuvieron que hacerme una traqueotomía porque me podía asfixiar. En el peor momento, solo podía mover las pestañas”, rememora Galán, desde la habitación que ocupa en San Juan Grande. En total, lleva 17 meses hospitalizada. “Poco a poco me he ido recuperando, aunque en mi caso va más despacio de lo normal. Normalmente a los seis meses o al año, la gente está recuperada, pero yo todavía no ando, no me sostengo de pie, no puedo mover bien los dedos y los brazos los levanto poco”, describe. En estos momentos tiene dos opciones: irse a su casa y solicitar la Ayuda a Domicilio —“aunque no sé las horas que me corresponderían, porque no me han valorado”— o irse a una residencia. La segunda la ve con mejores ojos. El propio hospital le ha tramitado el traslado, del que debe saber algo pronto. “La semana pasada una médica me aconsejó que fuera a una residencia, porque llevo muchos meses aquí y me dijo que dudaba que volviera a andar. Eso fue un golpe muy duro”, confiesa María del Carmen, que se trasladará al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla para solicitar una segunda opinión de otro facultativo. “Hay un médico experto en enfermedades raras, me enteré a través de la asociación Uniper”, dice.María del Carmen, en su habitación en el Hospital San Juan Grande.-JUAN CARLOS TOROMientras, sigue sometiéndose a sesiones de fisioterapia diarias, entre semana. “Yo creo que hubiera ido más rápido con más sesiones, pero es lo que hay”, señala. Y tampoco puede costearse sesiones privadas, que le ayudarían a acelerar su recuperación. “Intento llevarlo lo mejor que puedo, porque si soy negativa es peor”, dice María del Carmen Galán, entre resignada y esperanzada en un futuro mejor. Y lanza un mensaje final que espera cumplir: “He pasado dos cumpleaños y dos Navidades en el hospital. El tercero espero que ya sea fuera”.Laurentiu tiene un tumor pélvico incurable… y no tiene casaEn la habitación de enfrente, está Laurentiu Vasile, un hombre de 53 años de Rumanía que llegó hace trece a Jerez. Desde entonces ha estado trabajando, principalmente como albañil, o en campañas agrícolas. De ese tiempo solo tiene catorce días cotizados. En San Juan Grande lleva unas pocas semanas, procedente del Hospital de Jerez. Hace un año que le diagnosticaron un tumor cancerígeno en la pelvis. “Un cáncer incurable”, anuncia. Se ha sometido a cuatro sesiones de quimioterapia y ahora vive con una sonda permanente pegada al cuerpo. Laurentiu Vasile, en su habitación, con la sonda permanente a la que vive pegado.-JUAN CARLOS TORO“No soy viejo, pero ya no puedo trabajar. Cuando camino me duele la espalda, me duele el pie. No puedo estar mucho tiempo de pie”, describe Laurentiu, cuya red familiar en España es inexistente. Antes de ser ingresado, vivía en una casa alquilada en el barrio de Santiago, pero el propietario la ha vendido. Sus ingresos apenas superan los 300 euros, por la ayuda que recibe de la Asociacion Española contra el Cáncer y del cheque de alimentos que le proporcionan los servicios sociales del Ayuntamiento de Jerez. “No sé qué va a pasar cuando tenga que irme. ¿Adónde voy yo desde un hospital sin casa? Al albergue no puedo ir, porque de noche necesito asistencia médica. Me quedo en la calle”, lamenta. Su familia está en Rumanía, y prefiere no contarles por lo que está pasando.A Jerez llegó buscando una vida mejor, con la promesa de tener un buen trabajo. Pero al aterrizar en la ciudad, se dio cuenta de que la realidad era otra. Pero se quedó porque no podía regresar. Entonces, su hija tenía tres meses. “En este tiempo, mi mujer me dejó y se casó con otro”, señala.Laurentiu padece un cáncer de pelvis que no tiene cura.-JUAN CARLOS TOROÉl siguió su vida en España, trabajando mucho, pero siempre sin contrato, salvo los catorce días mencionados. “Con la documentación no tengo problema, porque Rumanía es país de la Unión Europea, pero eso no me ayudó a tener un contrato”; lamenta Laurentiu.“Aquí en el hospital estoy bien. Todos los pacientes estamos bien cuidados. Me salgo a veces al parque, hablo con otros pacientes, ya nos conocemos. Paso el tiempo con la tele y el móvil”, dice, pero es consciente de que su estancia tiene fecha de caducidad, y de que no tiene nada mejor fuera. Una encrucijada de la que no sabe cómo salir, de momento. Amalia no tiene una red familiar que la sostenga  Amalia Bermúdez tiene 78 años y ha perdido la cuenta del tiempo que lleva en el Hospital San Juan Grande. Varios años. “Vine porque no me encontraba bien. Andaba mal, estaba triste, estaba aburrida… Me metieron aquí, me cuidaron y me encontré a gusto. Y aquí he seguido”, relata.“No he tenido marido, ni hijos. Éramos seis hermanos y yo era la más pequeña. Han ido muriendo todos y me he quedado sola”, apunta Amalia. “Mi madre se quedó viuda con cinco hijos en el año 40, cuando los niños eran chiquitos. Al año siguiente conoció a mi padre y de esa unión salí yo, la única hija de esa relación”, cuenta. Amalia Bermúdez, por los pasillos del hospital.-JUAN CARLOS TOROUn claro ejemplo de soledad no deseada de una mujer que siempre estuvo dedicada a su casa. Estudió hasta los catorce años, y luego se empleó en las labores del hogar en una casa en la que eran ocho. “Solo trabajé fuera una vez, en un hotel en Palma de Mallorca. Estuve allí una temporada con mi hermana hasta que un hermano mío se puso muy malo y mi madre nos mandó llamar. Nos volvimos y ya no fuimos más”, apunta. Ella insiste: “No tengo un sitio adonde ir en el que me encuentre mejor que aquí. Me han ofrecido una residencia, pero yo no la quiero. Aquí me tratan bien, tengo compañía, gente que me habla, que me saca. Con eso me sobra. Ni en mi casa tendría tanto. ¿Qué queja puedo tener?”.Personal sanitario del San Juan Grande acompaña a Amalia.-JUAN CARLOS TORO"Es uno de los males endémicos de nuestra sociedad", dicen desde el Hospital San Juan Grande“Lo que estamos viviendo es uno de los males endémicos de nuestra sociedad. Le han llamado de varias maneras: soledad no deseada, marginalidad, riesgo de exclusión social… Pero al fin y al cabo refleja una realidad concreta: hay un colectivo de personas que no tienen un soporte social adecuado a sus necesidades”, describe Miguel Araujo, director médico del Hospital San Juan Grande.“Lo que estamos viendo es una epidemia silenciosa”, insiste el doctor Araujo cuando atiende a lavozdelsur.es. “Cuando te llegan al hospital y te cuentan su historia, te das cuenta de la magnitud del problema y de que no son casos aislados: son casos que van a más”. Ante esta necesidad, en San Juan Grande diseñaron la Unidad 4, donde permanecen de forma provisional pacientes que no tienen adonde ir. Y que está colapsada. "Los gobiernos tienen dos opciones: invertir en prevención o aumentar los recursos para atender a estos pacientes"Miguel Araujo, director médico del Hospital San Juan Grande“El perfil típico es el de una persona que de repente sufre un ictus o una fractura de cadera, algo que la incapacita de manera aguda, y cuando llega el momento del alta se dan cuenta de que no tienen adónde ir porque su casa no está adaptada a las secuelas que le ha dejado”, relata Araujo. El propio hospital tramita un recurso social, ya sea una residencia, un albergue, el Hogar San Juan… “Vemos casos verdaderamente dramáticos, de gente que no tiene a nadie”, incide.Los pacientes llegan derivados del Hospital Universitario de Jerez, ya que el Hospital San Juan Grande tiene un concierto con el SAS. “No hacemos nada extraordinario que no pueda hacer la Seguridad Social, tenemos trabajadores sociales igual que ellos”, señala el director médico Miguel Araujo. “Nuestro trabajo es cuidar, acompañar en el proceso administrativo, contactar con Bienestar Social, exponer el caso, iniciar o reevaluar la Ley de Dependencia si hace falta, y una vez concedida, buscar el recurso más adecuado”, aclara. “Vivimos más años, pero los últimos años de nuestra vida los pasamos en mayor grado de discapacidad. No vivimos mejor, vivimos más tiempo. Cada vez la edad de ingreso en centros de discapacidad es más temprana, lo que significa que se ocupan las plazas durante muchos más años. Necesitamos muchas más plazas, más recursos arquitectónicos, más recursos humanos y más inversión económica”, reclama Araujo.Y remata: “Los gobiernos tienen que elegir entre dos caminos: invertir en prevención, en hábitos de vida saludables, en campañas de promoción de la salud para no llegar a esta discapacidad, o bien, una vez que ya está encima, aumentar los recursos para atenderla”.