Hallan en el ADN humano antiguos ‘interruptores’ que podrían explicar parte del lenguaje

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El lenguaje es, sin duda, una de las características más definitorias y fascinantes de nuestra especie. Aunque muchos animales se comunican, los seres humanos poseemos la capacidad única para crear, adaptar y utilizar sistemas lingüísticos complejos. Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad de Iowa Health Care ha dado un gran paso en la comprensión de este fenómeno al identificar secuencias genéticas específicas que juegan un papel muy importante en nuestra habilidad para el lenguaje. Lo más sorprendente de lo que han descubierto es que estas secuencias no son exclusivas de los humanos modernos, sino que se desarrollaron mucho antes de que nuestra especie y los neandertales se separaran de un ancestro común, reescribiendo así parte de nuestra historia evolutiva. Para comprender cómo se desarrolló esta capacidad, el equipo liderado por Jacob Michaelson y Lucas Casten se centró en unos elementos reguladores genéticos conocidos como HAQERs, por sus siglas en inglés referidas a las regiones del ancestro humano de evolución rápida. Según los investigadores, estas secuencias actúan como el "hardware" biológico del cerebro, mientras que el lenguaje en sí mismo funcionaría como el "software". Lo asombroso es la eficiencia de estas regiones: aunque los HAQERs componen menos de una décima parte del 1 % de nuestro genoma, tienen el impacto en la capacidad del lenguaje unas 200 veces mayor que otras regiones genéticas, demostrando cómo una parte minúscula de nuestro ADN puede definir no solo quiénes somos como especie, sino nuestras habilidades individuales.Un vínculo inesperado con los neandertalesResumen del estudio en un gráficoEstas regiones reguladoras funcionan como "perillas de volumen" que controlan la expresión genética. Este concepto se conecta directamente con investigadores anteriores sobre el gen FOXP2, famoso por su asociación con los trastornos del lenguaje. En esta nueva visión de la genética lingüística, si los HAQERs son las perillas de volumen que ajustan nuestras capacidades, el gen FOXP2 vendría a ser una de las manos que gira esas perillas. Para llegar a estas conclusiones, los científicos utilizaron métodos computacionales y crearon una puntuación poligénica estratificada evolutivamente, lo que les permitió analizar los cambios genéticos a lo largo de 65 millones de años de historia.Al mirar hacia el pasado, los resultados revelaron datos sobre nuestros parientes evolutivos más cercanos. Las mismas perillas de volumen genéticas estaban presentes en los neandertales, y es posible que en ellos fueran incluso más pronunciadas que en los humanos modernos. Este descubrimiento sugiere que los cimientos biológicos para el lenguaje son rasgos muy antiguos. Aunque la cognición general de los neandertales probablemente difería de la nuestra, el hecho de que poseyeran este "hardware" genético, sumado a la evidencia arqueológica de sus culturas y sociedades organizadas, apoya fuertemente la idea de que utilizaban formas complejas de comunicación mucho antes de que la ciencia creyera posible. Cómo el ADN podría cambiar para siempre la producción de medicamentos, según la ciencia Este descubrimiento plantea un enigma evolutivo interesante: si los HAQERs son tan importantes para el lenguaje, ¿por qué dejaron de evolucionar en lugar de seguir mejorando nuestras capacidades? La respuesta está en un concepto biológico conocido como selección equilibradora y en los límites físicos del desarrollo humano. Estas regiones genéticas favorecen el desarrollo del cerebro fetal, lo que inevitablemente aumenta el tamaño del cerebro y del cráneo. Antes de la medicina moderna, un cráneo demasiado grande convertía el parto en un proceso muy peligroso, elevando el riesgo de muerte tanto para la madre como para el bebé. Por lo tanto, los primeros humanos alcanzaron un techo evolutivo en esta vía específica; lograron el cerebro necesario para albergar el lenguaje, pero la evolución de esta característica biológica tuvo que detenerse ahí por pura supervivencia, mientras que en otras áreas relacionadas con la inteligencia continuaron evolucionando sin afectar el tamaño del feto.Todo este avance científico, publicado recientemente en la revista Science Advances, es el fruto de décadas de trabajo que comenzaron en los años 90, cuando el investigador Bruce Tomblin estudió a 350 estudiantes de Iowa, registrando meticulosamente sus habilidades lingüísticas y obteniendo muestras de saliva. Años después, el laboratorio de Michaelson utilizó ese mismo ADN para este análisis. Ahora el equipo mira hacia el futuro con planes de estudiar a estos mismos participantes, que hoy ya tienen sus propias familias. Su objetivo es utilizar herramientas estadísticas avanzadas para desenredar la compleja relación entre la genética directa y lo que llaman "crianza genética", es decir, cómo los genes de los padres influyen en el entorno rico del lenguaje que crean para sus hijos. Este próximo paso no solo arrojará luz sobre cómo dominamos el lenguaje, sino que podría tener importantes aplicaciones clínicas para ayudar a niños con dificultades lingüísticas en el futuro..image img { width: 100% !important; height: auto !important; }