El Ferrari 275 GTB/4 de Roman Polanski y Sharon Tate

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El 275 GTB/4 es un Ferrari icónico para los amantes del «cavallino». Y entre las trescientas treinta unidades fabricadas, hay una muy especial, asociada a una dura historia. Viajamos a finales de los años sesenta… En la noche del 8 de agosto de 1969, Tex Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian, que actuaban siguiendo las directrices de Charles Manson, se dirigieron a una casa en el 10050 Cielo Drive, en Benedict Canyon. Hijo de una madre adolescente, con una infancia y adolescencia que había transcurrido por hogares de acogida, Manson era un siniestro personaje que, ayudado por su alto coeficiente intelectual y a pesar de ser semianalfabeto, manipulaba de forma brutal una comuna asentada en el Rancho Barker, la llamada «Familia Manson», grupo hippie de unas cien personas, habituales consumidores de LSD, entre otras drogas. Músico frustrado, estaba obsesionado con la canción de los Beatles «Helter Skelter», que habla de las dificultades de un amor de toda la vida a través de la metáfora de un tobogán. Creía que la banda británica había introducido un código secreto dirigido exclusivamente a él. Dentro de la mansión, los cuatro integrantes de «La Familia», asesinaron a cuatro personas: la modelo y actriz Sharon Tate, dueña de la casa, su amigo el estilista Jay Sebring, la heredera de la marca de café Folger, Abigail Folger, y su novio, el aspirante a guionista Wojciech Frykowski. El marido de Sharon Tate, Roman Polanski, en esa época un joven realizador prodigio al que le había llegado la fama por duros thrillers psicológicos como «Knife in the wáter» («El cuchillo en el agua»-1962) o «Repulsion» («Repulsión»-1965), y que estaba en Londres, por motivos profesionales, les había pedido que cuidaran a Sharon, embarazada de ocho meses y medio. Al abandonar la vivienda, el grupo se encontró con Steven Parent, un joven que estaba visitando a un amigo en la casa, y lo mataron a tiros… Un día después entraron en otra casa y asesinaron a un matrimonio. Y, tras el drama, nos aparece una historia, la de un Ferrari 275 GTB/4, por el que sentía especial predilección Sharon Tate. Si bien los 250 GT son la joya de la corona, la del Cavallino, casi siete décadas después de su lanzamiento —gracias en gran parte a creaciones emblemáticas como el GTO y el SWB—, la línea de modelos había alcanzado su límite de desarrollo tras once años de producción. Había que crear un sustituto, un modelo pensado para una clientela que apreciara la conducción, pero al tiempo quisiera algo no tan espartano como un coche creado exclusivamente para la competición. Y sin embargo el nuevo automóvil debería tener potencial para ser un Ferrari de verdad, para estar en una pista de carreras. La difícil tarea de los ingenieros italianos de crear un gran turismo (termino este de GT que con los años se ha ido desnaturalizando) con estas características, se desvela en el Salón del Automóvil de París de 1964, bajo el nombre de 275 GTB. Considerado uno de los mayores éxitos de la marca, se fabricaron 453 ejemplares del 275 GTB durante los dos años siguientes. La carrocería diseñada por Pininfarina, escondía un motor V12 de 3286 cc capaz de generar 280 caballos de potencia a 7600 rpm. En la parte trasera, se encontraba una nueva caja de cambios transaxle de cinco velocidades. Para optimizar el rendimiento del chasis tubular de acero, el Berlinetta se convirtió en el primer Ferrari en incorporar suspensión independiente en las cuatro ruedas. Y todo ello puesto a punto por el brillante ingeniero y piloto Mike Parkes. La versión más codiciada del 275 llegó dos años después, en 1966. Bautizado como 275 GTB/4 podía ser visualmente similar a las versiones últimas de su predecesor, pero su nombre daba una pista de lo que se escondía bajo ese capó de nariz larga y bellamente esculpido. Allí latía una versión muy mejorada del motor V12 de 3,3 litros creado por Gioacchino Colombo, derivada directamente del prototipo de resistencia P2, con cuatro árboles de levas en cabeza, lubricación por cárter seco y seis carburadores Weber 40 DCN9. Con una potencia de 300 CV (91 CV por litro de cilindrada) para mover tan solo 1.100 kilos (felices tiempos) tenía una velocidad máxima de 268 km/h. Y estamos hablando de un «coche de calle» de 1966… Tras probar el coche para la revista L'Auto─Journal, el piloto francés Jean Pierre Beltoise escribió, en 1967: «es, sobre todo, un gran turismo serio y confortable, pero conserva el linaje de un coche de carreras en la respuesta del motor y la calidad del manejo. El 275 GTB/4 es uno de los mejores automóviles creados en nuestros tiempos». Sin discusión, el 275 GTB/4 (del que se hicieron 330 unidades hasta 1968), ocupa un lugar especial en la historia de Maranello. y no solo por su impecable comportamiento en carretera, sus extraordinarios niveles de rendimiento y su reconocida posición como uno de los Ferrari de carretera más bellos que jamás hayan lucido el emblema del Cavallino Rampante. También representó el fin de una época dorada para la firma, al ser la última versión de los clásicos gran turismo con motor delantero V12 antes de que las elegantes y orgánicas líneas de la década de 1960 dieran paso al 365 GTB/4 «Daytona», con un estilo completamente diferente que marca la transición a la estética de los setenta. Por ello todos los 275 GTB/4 son muy especiales, pero el chasis 09279 GT tiene un algo especial. Fue encargado por el director Roman Polanski. Es el 25 de octubre de 1965, cuando en el importador de la marca de Maranello en el Reino Unido, Polanski encarga un Ferrari 275 GTB en color Rosso Chiaro, con el interior en cuero negro y equipado de llantas Borrani de radios. En la hoja de encargo aparece la cantidad de 10.500 dólares. Por alguna razón desconocida, la entrega se ve retrasada y se abre una segunda hoja de encargo, realizada en el mes de noviembre de 1966 por el concesionario ingles de Maranello. Ahora ya no se trata de un 275 GTB si no de un 275 GTB/4, en el mismo color, y cuya entrega está prevista para el mes de marzo de 1966. La factura se refiere ahora a un 275 GTB/4 Berlinetta de luxe, chasis 09279GT en color Rosso Chiaro e interior en cuero negro, por un montante de 11.500 dólares. Y el 17 de junio de 1967, Polanski recibe la notificación desde Maranello de que su coche le ha sido enviado en el barco «Anna María D'Amico», desde el puerto de Livorno, con destino a California. Y por fin llega el esperado momento. Polanski recibe las llaves del coche en el concesionario de Beverly Hills, Otto Zipper Motors. Y este GTB/4 se convierte en algo muy especial, no solo para el director, que será fotografiado a su volante, frente a la casa de Cielo Abierto, sino también para la actriz, a la que le encantaba el rojo deportivo. Por cierto, que en este ambiente de Hollywood hubo otras figuras seducidas por este modelo de Ferrari como el actor Steve McQueen, que también adquirió otro de los trescientos treinta GTB/4 construidos. Después de la tragedia del 8 de agosto, un Polanski deshecho por la muerte de su esposa, decide regalarle el Ferrari al coronel Paul James Tate, padre de Sharon. No lo conservará mucho tiempo el militar y suegro del director de cine, que vende el 275 GTB/4 a uno de sus amigos, llamado Al Verbin, de Los Ángeles. Este último guarda cuidadosamente el GTB/4 durante dos décadas hasta que procede a su venta a través de una casa de subastas con un precio de reserva de 300.000 dólares. La «Ferrari Market Later» describe en su catálogo de entonces, este automóvil como «en perfecto estado, y que ha sido restaurado en el año 1981, por «Carrozzeria italiana, en Los Ángeles, y con 44.000 millas certificadas». En la primera venta no se encuentra comprador. Será en enero de 1988, cuando un comprador suizo se hace con el Ferrari en la subasta de Barret-Jackson's Scottsdale. El 275 GTB/4 será enviado a Suiza. Su propietario encarga rehacer totalmente el motor, la caja de cambios, frenos, suspensiones y dirección a uno de los mejores especialistas de Ferrari: Constantini, en Zurich. Pero no rodará con él: el taquímetro, reconvertido de millas a kilómetros, marca tan solo 65.000 kilómetros cuando, en el año 2014, el coche será subastado por Kidston, de Ginebra.