Hubo un tiempo en que la corrupción era titulares gruesos, bolsas con dinero, comisiones al tres por ciento. Nos indignaba, exigíamos cárcel para el chorizo de turno. Éramos tan puros que creíamos que quienes elegíamos eran intachables. Pasado ese tiempo, cuando la rapiña va más allá de lo imaginable, el verdadero botín no es material. Duele dentro. Cuando un político roba lo que es para hospitales, escuelas, tercera edad, es cuantificable. Pero el verdadero crimen, sutil y devastador, es que nos roba el alma. La democracia es un pacto ciego de confianza; el ciudadano cede su esfuerzo, su trabajo, con la fe de que irá al bien común. Cuando ese pacto se quiebra por codicia, con absoluta falta de moral,... Ver Más