Tiempo detente

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Se había ido Faustino un par años antes. El cronista llegaba a Villamanrique con los ojos nuevos. Un simple invitado, descriptor sin más ambición que no pisar el charco de quien no sabe nada. «Vete al porche a la espera de Coria, y cuéntalo». Habían pasado el dosel de Espartinas, las columnas salomónicas de Gelves... El Tomás tiraba Cruzcampo sin cortar el serpentín. Aparecía a lo lejos la mole de Coria reflectando la plata y el polvo los 38 grados de aquel junio. Los caballos dispusieron un heliocentro. Se escuchó entre los siseos: «¡Que hablen los mayores!». El boyero pegó tres arreones a las bestias, que se arrancaron con el pueblo arrimando el empellón tras el Simpecado. Uno, dos, tres...... Ver Más