Montse Meléndez, ingeniera de alimentos: «Las sartenes de acero inoxidable son duraderas, no se rayan y no migran nada a tus alimentos»

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La sartén es uno de los elementos indispensables de una cocina. Antes de que se inventaran el microondas o la freidora de aire, esta sencilla herramienta era la reina de los fogones, tanto en la alta gastronomía como en la más casera de cada hogar. Todavía mantiene su utilidad como utensilio conductor de calor para freír, saltear, asar o dorar alimentos. Es tan básica y necesaria que, cuando uno se independiza, de las primeras cosas que uno compra para su nuevo hogar es una sartén. Un recién emancipado quiere pocos trastos pero funcionales, es decir, una única sartén que le sirva para cocinar muchos tipo de platos, especialmente los más fáciles. Luego deberá también fijarse en que se limpie bien y que ocupe un espacio mínimo en su placa y en el almacenaje. Montse Meléndez comparte esta preocupación. Ella es ingeniera y tecnóloga de alimentos, licenciada por el Tecnológico de Monterrey. En esta situación es, además, una compradora novel de sartenes. Ha compartido en redes sociales su experiencia eligiendo sartén y los trucos para ello que ha aprendido de su campo. Busca «que dure mucho tiempo, pero que no esté tan caro, que no se pegue, pero que no migre nada a mi comida», una lista de requisitos exigente y común en las personas como ella. «Quién diría que una de nuestras preocupaciones sería escoger una buena sartén», continúa, «no te preocupes, te enseño cómo escoger una sartén y cuáles son mis favoritas». Recomienda las de acero inoxidable: «Son super duraderas, no se rayan y no migran nada a tus alimentos». La desventaja que les achaca es que «son difíciles de usar y que su precio es elevado», aunque su duración 'eterna' justifica el gasto. «Las de hierro fundido igual te pueden durar muchísimos años», insiste. Se pueden usar en asadores, hornos, estufas, pero la desventaja es que «son muy pesados, tienes que darles mantenimiento para que no se oxiden y tardan en calentarse». No son una solución completa para una cocina pequeña y con fuegos limitados. Las de aluminio anodizado o alguna aleación de aluminio con acero inoxidable, «también son muy duraderas y muy buenas». Montse destaca que «su precio es más accesible» y por ello tienen fama entre los compradores inexpertos. Su contra principal es el material del que están fabricadas. «Te recomiendo checar el material que utilicen como recubrimiento. Y esto aplica para todas. Busca que diga libre de PTFE, PFO o PFOA , que puedas meterlos al horno», dice. Esta comprobación te puede evitar intoxicaciones indirectas y lentas que dañen tu salud. Siguiendo, las sartenes de cerámica «son muy duraderas y la comida no se pega», asegura la ingeniera de alimentos. «Solamente su distribución de calor no es tan uniforme como otros materiales», pero en una sartén pequeña este defecto no es tan evidente. El material de la sartén es casi o más importante que el tamaño o si es estéticamente bonita. Dependiendo de su composición, podrá soportar unas temperaturas u otras y llenar tu comida de componentes minúsculos y tóxicos. Compruébalo de forma sencilla en el etiquetado del producto. «Y aquí también es muy importante revisar en su empaque las temperaturas que soportan, ya que hay algunos que podrían deformarse a ciertas temperaturas. Yo tengo unas de acero inoxidable con aluminio y que tienen un recubrimiento de cerámica », confiesa. Esta combinación de calidad y duración es la ganadora para Montse. Ha elegido una sartén de acuerdo a su situación: «Como yo realmente solo cocino en mi estufa y busco que sea algo que se caliente rápido y no se pegue, me funcionan bastante bien. Cuál te conviene comprar va a depender de tu presupuesto y tu uso».