A sus 66 años, Luis Astolfi atraviesa una dura etapa vital tras conocer en marzo su diagnóstico de ELA, una enfermedad que no tiene cura y devastadora en múltiples sentidos, tanto para el afectado como para sus familiares. Su día a día ha cambiado. Cómo no hacerlo. Ahora permanece bajo los cuidados de una sobrina, va diariamente a rehabilitación, tiene dificultades para hablar y ya no puede montar a caballo, entre otras limitaciones. Él mismo confirmó su diagnóstico con toda entereza y dignidad. «Todo se exagera», llegó a decir. Nunca lo ha dramatizado y se ha refugiado en su familia y la discreción para llevar un proceso tan difícil, tanto a nivel físico como a nivel mental. Siempre ha dicho que se consideraba un privilegiado y un hombre con suerte en la vida. Y no se autocompadece. «No soy una persona de comerme el coco. Lo que pueda pasar, habrá que afrontarlo y adaptarse. Y punto», ha sido una de sus últimas declaraciones.. Ahora, Luis Astolfi ha concedido una entrevista al diario 'El Mundo' después de recibir hace unos días la Medalla de Oro de la Real Federación de Hípica Española (RFHE) por sus méritos y contribución al desarrollo y difusión del deporte de los caballos en el Real Club de Campo Villa de Madrid. Y ha ofrecido un testimonio de lo más realista sobre cómo es convivir con una enfermedad tan dura como es la ELA. El jinete ha tenido que dejar de montar a caballo. También ha perdido la movilidad del brazo derecho y se ha sometido a una operación para poder levantarlo un poco. Eso sí, no ha perdido la pasión por su profesión y sigue enseñando a jóvenes que quieren ser jinetes. «Ahora me cuesta trabajo sobre todo bajarme del caballo, pero me entretiene seguir enseñando, le echo una mano a un sobrino mío que es jinete y tengo un par de caballos que montan mis hijos», ha contado en su entrevista con 'El Mundo'. Luis Astolfi quiere seguir haciendo cosas mientras tenga fuerzas y el trabajo, dentro de sus mermadas posibilidades, le ayuda en la terapia. Por eso, sigue una rutina pautada por quienes le tratan y cuidan. Así, todas las mañanas acude a natación y por la tarde va a un fisio para rehabilitar y mantener en la medida de lo posible la movilidad del cuerpo y retrasar el deterioro muscular. «No sé estar quieto, me gusta trabajar y también salir, no soy nada casero. Como fuera todos los días con amigos que, afortunadamente, tengo un montón», explica en el citado medio. Sigue siendo habitual verle en el Club Pineda en Sevilla, donde comenzó a montar con tan sólo 11 años. Se ha trasladado a vivir a la capital hispalense y permanece en la casa de una de sus sobrinas. Allí se instaló poco después de conocer que tenía ELA. Sus hijos, Luis Astolfi Jr. y Marina Astolfi, también están muy pendientes de él. Una de sus grandes ilusiones es la llegada de su nieto, pues su primogénito le va a convertir próximamente en abuelo. Sus dos hijos son fruto de su matrimonio con la empresaria sevillana, Isabel Flórez, de quien se separó en 2012. Debido a las obligaciones de su actividad hípica, pasaba mucho tiempo al año lejos del hogar, lo que inevitablemente llevó al desgaste del matrimonio. Una de las personas más cercanas al jinete sigue siendo la Infanta Elena, con quien mantiene una excelente relación. Ella fue la primera en conocer su enfermedad neurodegenerativa sin cura.