"Llévala al barrio, mi amor". Si el fútbol fuera literatura, el final habría estado escrito hace tiempo. La fascinante historia del "puto Rayo", como lo llaman sus enamorados, no podía acabar mal. Tenía forzosamente que terminar bien, con el mito Óscar Trejo levantando en Leipzig una Conference League jamás soñó. Pero el fútbol, ay, tiende con demasiada frecuencia a pivotar sobre los recursos narrativos del anticlímax y a siluetear almas condenadas al tormento eterno por un poderoso anhelo frustrado.Seguir leyendo....