En la calle Pozuelo, esquina con la plaza Vargas, resiste los años un local llamado Los Dos Deditos. Su propietario, el serbio Marko Stamenkovic, continúa con éxito la cervecería internacional que estableciera Javier Sánchez Mellado a finales de los ochenta. Pero Los Dos Deditos no siempre fue un escaparate al mundo (de la cerveza). En sus primeros treinta años de historia, entre 1955 y 1987, era un tabanco de los antiguos, con su olor “a serrín, a caldo peleón, a jaleo al mediodía y a mostrador embadurnado de tiza”.El fundador, mi abuelo Manuel Carrera García-Crespo, 'El Marqués de Carrera' en el ala que me toca de la familia, se había criado en un cabaret, La Espiga de Oro del ecléctico empresario Manuel Carrera Badillo. Su vida laboral principia ayudando a su padre a la barra del cabaret y en otras iniciativas hosteleras, como la cantina de la base de Aviación. Tras penosos años de posguerra, en 1951 emigra a Barcelona, donde tiene un hermano policía que será uno de los primeros mossos d’esquadra cuando se restablezca el cuerpo el año siguiente. Por un golpe de suerte, consigue trabajo enseguida en las Bodegas Bilbaínas; las fotos lo muestran dándose sus buenos paseos por Barcelona con su marquesal estilo y no menos de tres trajes distintos que camuflaban a un muerto de hambre, cuyo historial laboral en los años anteriores consistía en alguna ayuda en bodegas, servicio en casetas y organización de bailes ilegales. En Barcelona todo eso cambió. Desayunaba un arencón cada mañana, calzaba con estilo y se ganaba a los catalanes con su acopladura del acento andaluz y la retranca galaica de sus ancestros.Sin embargo, se terminó desengañando con la ciudad por motivos aún debatidos y, en un arranque de impetuosidad andaluza o de morriña gallega, regresa a Jerez, decisión sin la cual no existiríamos ni el Dos Deditos ni yo.En 1953 Manuel da con sus huesos en Jerez, con las proverbiales manos delante y detrás. Por mediación del flamenco Palmita (Luis Sanguiao Palma), termina de camarero en el Bar Jerez del guitarrista, frente a la casa de su futura esposa...Carrera y Palmita en el Bar Jerez, años cincuenta. Archivo del autor. Manuel Carrera no sienta la cabeza hasta los 35 años, que en la época era como decir nunca. Había formado con otros tres una peña de quinielistas que cada semana rellenaban cinco hojitas. El 14 de marzo de 1954 hizo sus quinielas al tuntún, pues se trataba de equipos italianos de los que lo desconocía todo. Resultado: una de catorce aciertos y otra con trece. Dos millones de pesetas y cuatro mil duros, respectivamente.Se hace eco el diario Ayer dos días más tarde. El articulista comienza señalando que en la época son mayoría los españoles que, como Manuel, “tienen puestas sus ilusiones en que un día su quiniela aparezca con los catorce resultados exactos a los producidos en los campos de fútbol de nuestra Patria”. La entrevista subsiguiente nos permite divisar cómo se procesaban entonces tan tremendos giros del destino:¿Qué piensa hacer con el dinero?-Haré una cosa, pero sin pensarla mucho.-¿Qué?-Casarme.-¿Qué impresión se llevó cuando comprobó que su quiniela era exacta?-No puede figurárselo. Creo que canté y que bailé y hasta que lloré de alegría. Llevo dos días sin comer y sin dormir y sólo hago invitar a todos mis parroquianos.Quedaban las dos preguntas obligadas:-¿Hará alguna limosna? -Pienso socorrer a las monjitas del Espíritu Santo y enviaré un donativo a la Escuela del Buen Pastor.-¿Y para el Jerez?-Lo que haga falta, para fichar a un buen medio volante. -Después de este, ¿cree que le quedará algún dinero?-Para tomarme unas copas con los amigos, sí.Lo que nos consta es que con el dinero pagaría el traspaso del futuro bar Los Dos Deditos. La casa, reformada según Jesús Caballero Ragel en el periodo isabelino, tenía en sus bajos un café en la segunda década del siglo XX. Es probable que fuera ya un bar a principios de los cincuenta. Sobre el nombre se disparan las leyendas. Para unos, existía antes de Carrera, aunque son más quienes lo atribuyen a este. Leemos en La Voz Digital que "Carrera colocaba una hilera de catavinos y con dos pasadas que hiciera sobre las bocas de los mismos, siempre quedaban dos deditos de vino. No fallaba”. El nombre se debería a que los vasos eran invariablemente de dos deditos. Otros, por el contrario, lo atribuyen a que Carrera rebasaba por dos deditos la línea roja de los vasitos de vino de entonces, para regocijo del respetable.El bar tenía todo lo que un 'parroquiano' pudiera llegar a desear. Archivo del autor. Entre las tapas para acompañar el par de dedos destacaban los huevos al nido y las gambas “con gabardina”. Aún se recuerda el potaje, “un platito de habichuelas, con rodajas de chorizo que quitaban el sentío de bien guisadas y mantecosas que estaban”. Unas cuantas mesas servían para reuniones y comidas, pero la mayoría de los consumidores iban directos al bebercio. La clientela cotidiana era la habitual de esta clase de locales: el inspector municipal ocioso, el que huele a dos leguas a brandy (“El vino para beberlo, el brandy para venderlo”, sentenciaba Carrera), el boticario, el policía, el quincallero convertido en anticuario, el pulgoso con ínfulas de marqués... En Semana Santa se inundaba la sala y hacían falta dos cocineras, dos camareros con uniformes en el salón y cuatro o cinco dependientes en barra.Se dice que Los Dos Deditos fue el primer bar con televisor de Jerez. Si su padre cabaretero introdujo el foxtrot o la polka en el Jerez de los años treinta, Carrera inauguró el partido televisado desde una pared del local. Los días de fútbol y toros se atestaba de aficionados que ocupaban todas las sillas y aun los peldaños de la escalera muerta del interior del establecimiento, con los ojos fijos en la pantalla. Sólo tras la venta a Javier Sánchez en 1987 se reconvirtió en cervecería y ganó una clientela más joven y dinámica; ese segundo Dos Deditos que ha sido llamado “el local de la Movida en Jerez”. Pero esa es otra historia y leyenda.