Puede que el amor sea el tema más repetido en la literatura y el cine a lo largo de la historia de la humanidad. Este concepto que hace suspirar a muchos y genera desdén a otros, en algunas cabezas talentosas supone una fuente de inspiración inagotable para su creación artística. Ha sido así desde los sumerios hasta nuestro siglo XXI. Uno de estos creadores que al escribir, se preocupó por el amor, fue Platón . Este conocido filósofo griego dedicó parte de su obra filosófica y literaria a este concepto. En el siglo IV. a. C. enseñaba a sus discípulos en la Academia que debían buscar el amor virtuoso y dejó por escrito algunas de sus experiencias personales de enamorado, como la que vivió con su maestro Sócrates . El amor se menciona en la mayoría de sus escritos, pero hay una obra que está enteramente dedicada a este concepto. Recordemos que vivió entre 427 a. C. y 347 a. C. Pues hacia la mitad de su vida escribió 'El Banquete', un diálogo llamado 'del Amor'. Allí se encuentra una de las citas más repetidas de su producción a lo largo de los siglos. Platón escribe: «El amor nos cura de los males que impiden al hombre llegar a la cumbre de la felicidad ». Esta sencilla frase adquiere un nuevo significado cuando se lee en nuestro tiempo. Platón nos enseña, tantos siglos después, que el amor no es simplemente un sentimiento pasajero o una emoción superficial, sino una fuerza transformadora que actúa como un remedio contra las limitaciones humanas. El griego habla del amor como un dios más de su pensamiento politeísta, como un ser con voluntad y poder para cumplirla. «Entre todos los dioses él es el que derrama más beneficios sobre los hombres, como que es su protector y su médico», escribe en el mismo texto. Esos «males» que impiden alcanzar la felicidad plena son, en nuestros días, el egoísmo, la ignorancia y la desconexión con lo esencial. El amor auténtico que defiende Platón va más allá del deseo primario al que a veces nos abandonamos: nos pide salir de nuestro ensimismamiento, nos impulsa a superar nuestras debilidades y nos conecta con algo más grande que nosotros mismos. De este modo, el amor nos purifica, nos eleva y nos orienta hacia la cumbre de la felicidad, que no es otra cosa que la realización plena del alma en armonía con el ideal de lo bueno y lo bello. Platón explicó en ese mismo diálogo que los hombres de su tiempo se estaban equivocando al no darle importancia al amor. «Hasta ahora los hombres han ignorado enteramente el poder del amor ; porque si lo conociesen, le levantarían templos y altares magníficos, y le ofrecerían suntuosos sacrificios, y nada de esto se hace, aunque sería muy conveniente». El mismo filósofo también sugiere que la felicidad no es un estado estático que se posee de manera individual, sino que se alcanza mediante el vínculo y la trascendencia. Por lo tanto, no debemos pretender podeer un amor estable, sino una relación que cambie con el tiempo y el mayor del otro. Platón concibe el amor como un escalón en el camino hacia la sabiduría: al amar, el ser humano deja de estar atrapado en sus propias carencias y miedos, y encuentra un propósito que lo sana interiormente. La «cumbre de la felicidad» no es, por tanto, un placer efímero, sino la experiencia de plenitud que nace cuando el amor nos libera de la soledad, la codicia o la desesperanza. En resumen, la frase nos invita a ver el amor como la medicina del alma que nos capacita para vivir en plenitud , recordándonos que solo al entregarnos a algo superior podemos curar las heridas que nos separan de la verdadera dicha.